Monterrey

Mi deuda y yo

OPINIÓN. El gobierno de Nuevo León debe 62 mil millones de pesos. Sin contar atrasos a proveedores y esperemos que no se descubra un gran etcétera.
Miguel Moreno Tripp/Wiki-litico
21 diciembre 2015 13:8 Última actualización 21 diciembre 2015 13:35
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A finales de los 50´s, Franco Modigliani y Merton Miller establecieron que, después de impuestos, para una empresa es indistinto el nivel de deuda que elija. Eso les representó ganar un premio Nobel. El riesgo se comprime en el capital pero el apalancamiento impulsa los resultados. Además, es un incentivo para ser eficiente al tener que cumplir con el pago de intereses. Los bancos no esperan.

A nivel personal, si me endeudo para los quince años de la hija, para las vacaciones que me atenderán “como Ud. se merece” (yo mejor no voy ahí) o cualquier bien suntuario, estaría cometiendo una imprudencia financiera. Sería mi elección.

Si tomo un crédito hipotecario podría ser una decisión acertada, ya que probablemente el valor de la propiedad suba. Cuidado, esa fue la premisa de fondo de la crisis del 2008. No es tan malo deber si utilizamos la deuda como palanca para un mejor nivel de vida, siempre que las condiciones crediticias sean razonables.

El reporte “Los indicadores básicos de tarjeta de crédito” de Banxico, menciona que hay prácticamente 9 millones de plásticos de clientes “no totaleros” -los que si utilizan el crédito- con casi 199,000 millones de pesos. En promedio, tienen un saldo de 22,000 pesos. ¿Qué destino le dieron a ese dinero? El que hayan querido.

Hay otra deuda que debemos pero que no escogimos. El sector público federal tiene como deuda interna 5.2 billones de pesos; además, como deuda externa tiene el equivalente a 2.8 billones de pesos; divididas entre el número de mexicanos, incluyendo a recién nacidos, abuelitos, pobres o ricos, nos toca en promedio, 67 mil pesos.

El gobierno de Nuevo León debe 62 mil millones de pesos. Sin contar atrasos a proveedores y esperemos que no se descubra un gran etcétera. Dividido entre los 5 millones de habitantes que somos, nos tocan 12 mil 400 pesos.

Monterrey debe 2 mil 078 millones de pesos, el tercer municipio más endeudado per cápita del país. Nos toca de a poco más de dos mil pesos.

El total de la deuda por habitante de Monterrey es de poco mas de ochenta y un mil pesos. Si además, fuéramos clientes no totaleros, entonces voluntaria o involuntariamente debemos 103 mil pesos en promedio sin considerar préstamos de auto o casa.

Dicho promedio incluyendo a la población en extrema pobreza. ¿Qué pasará el día que se enteren que no tienen para satisfacer sus necesidades más básicas pero que además deben? Esto es lumbre al fuego, un peligro si los manipuladores profesionales de masas usan esta realidad.

Aquí no para el asunto. ¿Cuánto pagó de impuestos este año? Eso es aparte. ¿Cuánto consumió de bienes o servicios con IVA? Súmelo. ¿Tenencia? ¿Verificación?

Para las personas físicas no es indiferente si debemos o no. ¿Qué obtuvimos a cambio? ¿Seguridad? ¿hospitales públicos aceptables? ¿vías de comunicación fluidas? ¿gobiernos que hacen buen uso de los recursos?

No. Nos enteramos del cínico asalto a las arcas nacionales por políticos de todos los partidos. Un botón de muestra: aguinaldos millonarios ¿Son éticos? Las fortunas de ex gobernadores, ex presidentes municipales, familiares y amigos crecen y se multiplican.

Muchos corruptos políticos compran propiedades en Estados Unidos. Nosotros deberíamos de tomarlos como ejemplo (a los americanos, no a los políticos). Ellos si cumplen su deber y aplican leyes confiscatorias a bienes mal habidos. Los corruptos acaban en la cárcel. Tenemos leyes e instituciones, pero vivimos en la simulación y el “ya merito”. Y esa impunidad la seguiremos pagando nosotros y nuestros herederos.

​*El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.