¿Medidas meditadas?
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¿Medidas meditadas?

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¿Medidas meditadas?

Esta guerra comercial podría no tener un fin inmediato con el riesgo de afectar a otros sectores.

Opinión MTY columnista invitado Armando Melgoza Rivera
08/06/2018
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El pasado 31 de mayo del 2018, el Presidente de los Estados Unidos (EU) de Norteamérica, Donald Trump, decidió suspender la exención a la imposición de los aranceles de los productos originarios de México, Canadá y la Unión Europea que habían sido impuestos mediante las Proclamaciones 9704 y 9705 del 8 de marzo de 2018, con vigencia a partir del 23 de marzo de 2018, en las cuales se establecieron tasas arancelarias aplicables a la importación de productos de acero y aluminio procedentes de todo el mundo, a lo cual no se hicieron esperar las respuesta de rechazo a tal medida, tanto por los Gobiernos como por los empresarios, que consideraron tal resolución como una agresión a sus intereses.

En este sentido como medida inmediata los Gobiernos de los países que se vieron afectados por la medida, anunciaron que tomarían medidas recíprocas, por lo cual la Secretaría de Economía de México (SE) publicó en el Diario Oficial de la Federación del 5 de junio del 2018, el Decreto por el que se modifica la Tarifa de la Ley de los Impuestos Generales de Importación y de Exportación; el Decreto por el que se establece la Tasa Aplicable durante 2003, del Impuesto General de Importación, para las mercancías originarias de América del Norte y el Decreto por el que se establecen diversos Programas de Promoción Sectorial, a efecto de imponer aranceles a diversos productos originarios de aquel país, pretendiendo con ello dar respuesta a la actitud del gobierno Norteamericano, que con independencia de su postura hasta este momento no ha dejado las mesas de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Sin embargo, es importante observar que parte de la medida que impuso el gobierno mexicano ya era una disposición que venía aplicándose a todos aquellos países con los cuales, como país, no tenía celebrado algún tratado comercial por la presión que la industria nacional ha ejercido al respecto, en donde también encontramos que desde hace aproximadamente dos años el gobierno de México aumentó su regulación en relación a las importaciones de productos siderúrgicos, imponiendo padrones sectoriales para esta mercancía además de solicitar avisos automáticos a la importación.

De todo lo anterior, el cuestionamiento a hacernos es si la medida que se impuso en respuesta, no sólo es correcta, sino la mejor, y cómo es que se valoró la misma, en el entendido de que muchas de las veces se busca proteger a una sola industria sin analizar la afectación que se tendrá en las demás.

En este contexto, el Gobierno mexicano contaba con varias salidas, lo que se buscaba era que los productores de acero y aluminio que exportan a EU, no se vieran afectados por la medida, y mucho menos otras industrias o el propio consumidor final.

Hace unos días la SE decidió también fijar aranceles al acero y al aluminio que llega de EU, con lo que ya se inició una guerra comercial que podría no ver un fin inmediato.

Debemos tomar en cuenta que esta guerra comercial no sólo va contra el Gobierno Norteamericano, sino contra los empresarios de ese país y sus ciudadanos, sentimos que en esta decisión no se analizaron a fondo las consecuencias, y por el hecho de no parecer débiles como país, en este momento existe el riesgo de crear otros problemas que afectarán a más empresas y personas de los dos lados de la frontera quienes serán los que paguen todos estos incrementos.

Con la situación que se presenta ahora, desconocemos el destino que tendrá el Tratado (TLCAN) y como mencionamos antes, esta guerra comercial podría no tener un fin inmediato con el riesgo de afectar a otros sectores.

El autor es socio CENCOMEX y Socio Director de MFB.

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Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.