Monterrey

Manipulación Psicológica
en la Familia Empresaria

OPINIÓN. El mecanismo más utilizado suele ser la victimización y el manejo de la culpa. Su fin: que los miembros de la familia empresaria sientan lástima, culpabilidad y responsabilidad por la situación creada o vivida, y que de esta forma accedan ante las demandas de “la víctima”.
EMPRESAS FAMILIARES
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
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01 noviembre 2017 9:29 Última actualización 01 noviembre 2017 9:29
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Como comentamos en la columna pasada, existen varios “comportamientos corruptos” que afectan directamente la dinámica familiar—la forma en que la familia interactúa entre sí y toma decisiones. En esta columna analizaremos el primero de ellos: La Manipulación Psicológica.

La manipulación psicológica se basa principalmente en tres mecanismos: 1) la victimización y el manejo activo de la culpa, 2) la utilización del sarcasmo o el humor para criticar, minimizar y abatir el auto-estima de los otros, y 3) la aplicación de la confusión.

El mecanismo más utilizado suele ser la victimización y el manejo de la culpa. Su fin: que los miembros de la familia empresaria sientan lástima, culpabilidad y responsabilidad por la situación creada o vivida, y que de esta forma accedan ante las demandas de “la víctima”.

Para lograrlo, “la víctima” limitará los intercambios básicos—comunicación, atención, dinero—; hará berrinches y ejercerá presión a través de los hijos y los amigos. De la misma forma, podría evidenciar algún deterioro físico, mental, económico o social (i.e. qué dirán; qué haré).

Algunas de las frases favoritas de “la víctima” serán: “Pobre de mí…A ti y a la familia no les interesa lo que me pase”; “Luego de todo lo que yo he hecho por Ustedes…”; “Siempre son Ustedes quienes….”. Al final, las frases se enfocan en reprochar, en criticar y en solicitar un desagravio—apelando generalmente al sentido de reciprocidad y a la obligación moral.

El segundo mecanismo es la utilización del sarcasmo o el humor para minimizar a otros y posicionarse en una situación de poder. En este caso, “el castigador” ridiculizará a los miembros de la familia haciéndolos sentir inferiores. Ojo: La mayoría de las veces, esta interacción no se da de manera ofensiva, sino entre risas—siendo por ello socialmente aceptada. Bien dice el refrán que “entre broma y broma, el diablo se asoma”.

La intención: lograr un desbalance de poder, legitimidad e influencia; desvalorizar, crear suspicacias y sembrar dudas. Algunas frases que “el castigador” tendería a emplear son: “Tus ideas… ¡Ya me las sospecho! ¿Tipo Gasolineras VIP?” (risas); “Tú no sabes… Eres como Alicia en el País de las Maravillas” (risas)…; “¿En serio ves eso? ¿Y desde cuándo eres clarividente?” (risas).

Finalmente, el tercer mecanismo es la aplicación de la confusión. Éste se suele utilizar cuando las otras dos tácticas no han funcionado. Por ello, recurrir a él implica escalar en el nivel de maquiavelismo que se está adoptando. En esos casos, el manipulador hará uso de la mentira, la tergiversación de los hechos, la “creación” de situaciones y problemas inexistentes con soluciones engañosas, la amenaza y los stand-by’s indefinidos—posponer conscientemente y con excusas la resolución de una situación para que la familia se acostumbre a vivir así (asuma el sacrificio).

En resumen, la manipulación psicológica tiene como objetivo influir en las acciones y opiniones de los miembros de la familia, controlar la toma de decisiones de negocio y obtener beneficio propio… ¿Ven por qué hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos?

La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.