Monterrey

Madiba

Opinión.  Hay una gran diferencia entre el prohombre y el dictador. Entre la democracia y la opresión.
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MIGUEL MORENO TRIPP
​morenotrip@gmail.com
05 diciembre 2016 10:52 Última actualización 05 diciembre 2016 10:56
Miguel Moreno Tripp

Miguel Moreno Tripp

Comparar a Fidel Castro con Nelson Mandela realmente es un exceso.

Nelson Rolihlahla Mandela, nació el 18 de julio de 1918 y murió el 5 de diciembre de 2013. Luchó por su ideal que era el eliminar el apartheid,
o lo que es lo mismo, eliminar la discriminación de colonizadores
europeos en el territorio que pertenecía a los naturales de Sudáfrica y
que, aunque no llegaron a esclavizarlos, eran sirvientes en su propia
casa.

Llevó a cabo un movimiento pacífico y aunque lo apresaron no lo pudieron encarcelar formalmente hasta que en 1962 fue condenado a cadena perpetua a los 27 años.

Estuvo preso hasta 1990, salió y negoció la terminación del infame
apartheid. En 1993 recibió el premio Nobel de la Paz. En 1994, por la vía democrática, ganó la presidencia. Se estima que la ceremonia de toma de posesión fue vista por mil millones de personas en todo el mundo.

Buscó la reconciliación nacional y dejó la presidencia en 1999. Si bien
fueron solamente 5 años, acabó por la vía pacífica, con un régimen de minorías que dominaba a la mayoría.

Fidel Castro derrocó al régimen de Fulgencio Batista comenzando en
noviembre de 1956 a bordo del viejo navío Granma, que le dio nombre al medio oficial de comunicación, es decir, el único en la isla. Llevó a cabo su guerra de guerrillas de 1956 a 1959, posiblemente la primera vez que se utilizaba esa táctica.

El 2 de enero de 1959 entraron los guerrilleros a La Habana. Se nombró a un gobierno provisional y comenzaron las ejecuciones en que se estiman en cualquier punto entre 4 mil a 20 mil personas.

El 16 de febrero de 1959 fue nombrado (auto nombrado) Primer Ministro de Cuba y el resto es historia.

Castro derrocó a un gobierno por la vía armada, matando hasta llegar al
poder. Mandela fue electo.

Castro metió a la cárcel a enemigos por cientos y hasta alguno de sus seguidores “amigos”. Mandela estuvo encarcelado.

Castro gastó carretadas de dinero en armamento, entrenando a miles
de civiles. Un producto de exportación cubano fueron las guerrillas a lo largo de los años. Mandela buscó la reconciliación y estrechó lazos de
amistad con muchos pueblos.

Castro se aferró al poder y cuando lo soltó fue a dárselo a su hermano.
Mandela fue democrático. Castro desde luego que no. Como muchos,
yo no había nacido y él ya estaba en el poder: 57 años en el poder.

De acuerdo a Forbes, se estima que la fortuna de Castro sería de 900
millones de dólares Nada mal para encabezar un régimen dictatorial socialista por el que todos son iguales, aunque se nota que hay unos más iguales que otros.

A Sudáfrica se le ha incluido en el equivalente de los BRIC, que es el
grupo de los MIST, aunque no está claro que será de ese grupo en el siguiente año. Cuba, por contra, ha sobrevivido a base de pegarse como rémora primero a la URSS y cuando quebró ese experimento fallido sufrió hambruna. Chávez apoyó con dinero de los venezolanos al régimen castrista. Aun así, como olvidar lo orgulloso que se sentía Castro de que las prostitutas tuvieran carrera: es al revés, las mujeres con carrera universitaria tienen tan pocas oportunidades en Cuba que tienen que prostituirse. Maduro, uno más que sigue aferrado al poder, intentó remedar a Chávez, pero los precios del petróleo no le ayudaron.

Hay una gran diferencia entre el prohombre y el dictador. Entre la democracia y la opresión. Entre la ambición desmedida de llegar al poder para no soltarlo luego y la democracia. AMLO se equivoca al hacer esa comparación.

* El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su
Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcionar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.


Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.