Monterrey

Los sismos y la economía

OPINIÓN. La economía probablemente repunte en los próximos trimestres, debido a un impulso a la construcción conforme el capital perdido es reemplazado de manera gradual. En México, el sector de la construcción es muy importante, representando aproximadamente un 7 por ciento del PIB.
OPINIÓN ACADÉMICA UANL
Cesáreo Gámez
13 octubre 2017 11:13 Última actualización 13 octubre 2017 11:13
Cesáreo Gámez, economista dela UANL.

Cesáreo Gámez, economista dela UANL.

Recientemente México ha sido víctima de desastres naturales, los sismos que azotaron la capital de la República y otras entidades del sur del país, así como huracanes y tormentas que afectaron las zonas costeras. Paradójicamente, estos desastres pueden tener efectos favorables para la economía en el mediano plazo.

Un reporte reciente del grupo BBVA Bancomer resume de manera adecuada los efectos previsibles de estos fenómenos en la economía mexicana. Los analistas de Bancomer señalan que los desastres naturales suelen tener tres efectos distintos sobre la actividad económica.

El primero es inmediato y comprende la destrucción del acervo de capital. El segundo es de corto plazo y abarca el impacto negativo sobre la actividad económica. El tercero es de mediano y largo plazo y consiste en un impulso debido a las labores de reconstrucción.

El efecto global sobre la actividad económica, específicamente en el crecimiento del PIB, puede ser de mayor o menor magnitud, dependiendo principalmente de la naturaleza de las pérdidas y de la duración del deterioro económico en las regiones afectadas.

La pérdida de acervo de capital constituye el principal efecto de los terremotos. Aunque los terremotos de septiembre en México no dañaron la capacidad productiva de la economía, ya que la infraestructura productiva resultó indemne en su mayor parte.

El principal efecto a este respecto comprende la pérdida de propiedad privada, esencialmente viviendas, no infraestructura pública o capacidad productiva privada, y está focalizada y sólo es relevante a nivel local.

En la Ciudad de México, de acuerdo con los conteos preliminares, se han visto afectadas alrededor de 4 mil casas, aunque este número representa sólo un 0.2 por ciento del parque habitacional de la ciudad, mientras que la cifra para el estado de Morelos es de alrededor de un 2.1 por ciento y para Oaxaca y Chiapas alrededor de 12 por ciento.

El segundo efecto es de corto plazo y abarca principalmente al sector servicios, lo que incluye turismo, comercio, escuelas, restaurantes, y servicios de alojamiento. En conjunto, los cinco estados afectados (Ciudad de México, Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas) representan un 32 por ciento del PIB total del sector terciario.

Sin embargo, este efecto negativo se verá parcialmente compensado por el dinamismo temporal en el sector comercial debido a un aumento en el gasto privado y público para la asistencia las víctimas de los sismos.

El tercer efecto tiene un horizonte de mediano y largo plazo y está asociado con la actividad de recuperación posterior. La economía probablemente repunte en los próximos trimestres, debido a un impulso a la construcción conforme el capital perdido es reemplazado de manera gradual. En México, el sector de la construcción es muy importante, representando aproximadamente un 7 por ciento del PIB.

Por lo tanto, la evaluación general sugiere que, más allá de las pérdidas económicas causadas por este desastre natural, los efectos palpables son limitados y sólo son relevantes para regiones muy específicas, por lo que no generan un cambio importante en las tasas de crecimiento económico a nivel nacional.

En el mediano plazo es probable que observemos un incremento en la actividad del sector de la construcción, así como en el gasto privado y público, que fomentaría un efecto positivo en 2018.

Es una amarga ironía, pero esto podría ser favorable para el actual gobierno, ya que la reconstrucción, unida a un mayor gasto público y privado representaría un mayor gasto visible; es decir, aquel que es directamente perceptible a los ojos de los ciudadanos, lo que seguramente repercutirá en el resto de la economía debido al llamado “efecto multiplicador”.

No hay que olvidar que estamos en la antesala de los procesos electorales, y un mayor crecimiento, combinado con una mejoría en las condiciones de la economía, podría repercutir en mayor popularidad y más votos a favor del partido gobernante.

En fin, habrá que dar un seguimiento cercano al comportamiento de las variables económicas en los próximos meses, en especial el gasto público, porque, como dicen en el béisbol “esto se va a poner bueno”.

El autor es economista de la UANL, con Doctorado en la Escuela de Graduados de Administración y Dirección de Empresas
(EGADE) del ITESM. Es profesor de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-Conacyt.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.