Monterrey

Los peligros de la democracia

OPINIÓN. La democracia es imperfecta y cuando se aplican mal o se interpreta incorrectamente, se pueden hacer patentes sus defectos y debilidades.
DESDE TEXAS...
Javier Amieva
javier.amieva@hispanicinternational.com
12 junio 2017 10:12 Última actualización 12 junio 2017 11:30
Javier Amieva, analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos..

Javier Amieva, analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Churchill alguna una vez argumentó que la democracia “era el peor sistema excepto los demás” Hasta ahora no se ha diseñado un sistema político que combine los elementos de equidad, legitimidad y eficacia que superen a los de la verdadera democracia; -cuya aplicación solo ha sido posible en forma intermitente en muchos países- .

De hecho, según expongo, la democracia es el sistema político menos malo según demuestra la historia. Sin embargo, esto no debe cegarnos en la búsqueda permanente de una aplicación correcta y debemos estar conscientes del hecho de que su aplicación, como en todos los esfuerzos humanos, la democracia es imperfecta y cuando se aplican mal o se interpreta incorrectamente, se pueden hacer patentes sus defectos y debilidades.

El debate sobre los méritos de la democracia representativa y directa se remonta a la antigüedad. Para simplificar un poco, los atenienses favorecieron la democracia pura (“la gente gobierna”, aunque en realidad los oligarcas a menudo tenían y tienen la última palabra); Los romanos eligieron una república, como una “cosa pública”, donde los representantes podían hacer concesiones por el bien común y eran responsables de la suma de sus logros.

En Norteamérica, especialmente James Madison y Alexander Hamilton, se decidieron al fundar su país, por elegir a los romanos, pero también estos advirtieron de las peligrosas “pasiones” de la multitud y la amenaza de “facciones minoritarias”, es decir, los intereses especiales y corruptos que se aprovechan del proceso democrático.

La aplicación de la democracia adecuada es mucho más que un proceso de votación perpetua. Debe incluir deliberaciones, instituciones maduras y controles y equilibrios similares a un control constitucional y debe de ser limitativa, lo cual podría ser una antítesis de la democracia, situación que difícilmente podría sustentar en una columna; pero cuando hago política, o cuando voto, o simplemente opino sobre política, debo de aplicar mi criterio en beneficio de todos y no nada más en el de mis intereses.

No obstante lo anterior y en aras de una economía de exposición, un burdo ejemplo podría ser una solución pragmática para demostrarle los peligros de la aplicación de la democracia estimado lector; por ejemplo, recuerda usted el caso “Juanito” de López Obrador?

Donde se proponía, se elegía y se burlaba a la democracia, mediante la designación de un individuo incapaz de ser una representación real de un legislador o representante de gobierno; sin embargo sucedió, ya que hay individuos y grupos que utilizan las debilidades de la democracia en favor de sus intereses especiales y corruptos.

Los ejemplos son muchos y claro el que propuse sucedió en México pero pudiera ser en Estados Unidos con el caso de la actual administración o en Texas con un gobernador que buscó el voto de los hispanos para poder crear luego leyes en contra de las minorías, son para mí, estos claros ejemplos de los peligros de la democracia mal aplicada y de sus resultados.

Como colofón, estimado lector, cavilo que lo único que nosotros podemos hacer como individuos, si quiero como dije ser pragmático, es participar activamente en alguna forma en la vida política y no nada más con el voto ya que México enfrentará unas elecciones que podrían torcer -aún más- el destino de nuestro país; no queremos ser otro Venezuela o un país dominado por autoritaristas; la solución para México, es claro no será en las próximas elecciones, pero reformulando con estrechez lo que Churchil dijo, si sabemos cuál de los partidos y cuál de los candidatos es el peor, no cometamos el mismo error que nuestros vecinos del Norte o los que se cometieron en Venezuela.

El autor es analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.