Monterrey

Los mexicanos otra vez, ante una encrucijada

OPINIÓN. . Los partidos políticos, así nos parce desde aquí, se encuentran envueltos en medio de cientos de escándalos de tráfico de influencias y de corrupción y los votantes han perdido toda esperanza de que los partidos oficiales vayan a ser una opción viable en las cercanas elecciones del 2018.
DESDE TEXAS...
Javier Amieva
javier.amieva@hispanicinternational.com
31 julio 2017 10:16 Última actualización 31 julio 2017 10:16
Javier Amieva, analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos..

Javier Amieva, analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Durante el segundo y último periodo de la administración de Mr. W. Bush; cuando se presionó a México para que hiciera la guerra a los grupos de narcotráfico “para poder ser calificado para ayuda internacional”; el gobierno de México logró un pobre acuerdo con Estados Unidos:

Detendría el flujo de drogas hacia Estados Unidos y con ello recibiría “calificaciones” para ser objeto de ayuda y financiamiento y sería parte de un plan que le daría armas para pelear contra el narcotráfico- que se había trasladado a México desde Sudamérica-, con la ayuda del Plan Mérida.

Las constantes visitas de Bush a su “amigo” Fox, parecían conllevar una magnífica relación México-Estados Unidos, nada más lejano que eso; mientras que los mandatarios hablaban frente a la prensa de temas como migración prometiendo “una cada vez más cercana reforma migratoria” y remataban las pláticas hablando de botas; dependencias del gobierno americano, complacientemente entregaban armas a grupos de capos en México, hasta que una de esas armas acabó con la vida de Jaime Zapata cerca de San Luis Potosí – en el centro de México,- en lo que se probó más tarde fue una emboscada y que el agente de la ley norteamericana fue ultimado con armas de alto poder proporcionadas por el gobierno americano en un “plan denominado Rápido y Furioso”, que pretendía “descubrir” a las células delictivas a las que ellos mismos le proporcionaban las armas (¿?). Hoy los padres, el inmolado agente, buscan justicia e indican a la prensa de su país “que hay algo oculto en la muerte de su hijo que no se les permite averiguar”.

Casi al termino de esas administraciones paralelas en muchos sentidos, de Fox-Bush, el plan denominado Mérida, que hoy se sigue ponderando fue calificado de haber llegado a México “con muy poco y muy tarde”; pero la guerra ya se había desencadenado; los grupos de facinerosos se vieron en medio de dos fuegos; y además con múltiples “arreglos” con sectores y posiciones gubernamentales y una demanda creciente por estupefacientes de droga-adictos en la Unión Americana.

Hoy, al menos una década después hay miles de muertos en México. Los partidos políticos, así nos parce desde aquí, se encuentran envueltos en medio de cientos de escándalos de tráfico de influencias y de corrupción y los votantes han perdido toda esperanza de que los partidos oficiales vayan a ser una opción viable en las cercanas elecciones del 2018.

Dos espadas de Damocles más, penden sobre México. Una, desde el norte: la situación es que la administración Trump, al perder una de sus banderas principales que era terminar con la Ley de salud conocida como Obamacare, concentrara hoy fuerzas en obtener de Nafta un tratado ventajoso para los Estados Unidos, -es lógico-, pero si esto sucede los que quedarán en desventaja serán las empresas mexicanas y sus trabajadores, y muchos de estos últimos, al no ver futuro en México volverán a mirar hacia la nación americana, y con muro o sin él verán la forma de emigrar legal o ilegalmente, lo que endurecerá aún más la frontera y las relaciones de Estados Unidos con México sufrirán deterioro adicional. Para continuar conteniendo el flujo de ilegales que entran a Estados Unidos es necesario un Nafta-TLC equilibrado para México y los Estados Unidos.

La segunda y filosa espada que afectaría a ambos países es la próxima elección presidencial en México. Si como respuesta y “castigo” a los partidos calificados de corruptos –PRI y PAN-, los partidos de izquierda se unen entonces López Obrador será presidente. El problema con eso es que estos partidos han afiliado a todos los lideres posibles en toda la República Mexicana y muchos de ellos, muchos, son delincuentes más que políticos y el pueblo lo sabe, pero los tolera. Los votantes preferirán castigar a los partidos oficiales, elegir a nuevos políticos sin importar su pasado delincuencial o tolerante con estos y esperarán a ver si así, mejoran sus condiciones de vida. Así las cosas, sólo espero dos milagros: Que el sr Trump cambie su discurso radicalmente para poder mejorar su popularidad y que México deje de ser su blanco favorito; y la segunda, que salga en México un líder, un líder de verdad capaz de enderezar el futuro de México. Quizás pido mucho, estimado amigo y lector.

El autor es analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.