Monterrey

Los empresarios dieron el poder a Trump y a Maduro ¿a quién lo darán en México?

OPINIÓN. El PRI recuperó la presidencia en el 2012, con la elección de Enrique Peña Nieto, quien después de presionar la mayor parte de su ambiciosa agenda de reformas estructurales en 2013-2014, se ha centrado en su lenta implementación y en defender, sin mucho éxito popular la posición de México ante Estados Unidos, de cuya relación depende en alto grado la economía mexicana.
DESDE TEXAS...
Javier Amieva
javier.amieva@hispanicinternational.com
24 julio 2017 10:12 Última actualización 24 julio 2017 10:12
Javier Amieva, analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos..

Javier Amieva, analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

En México, las políticas fiscales y monetarias prudentes han mejorado su desempeño macroeconómico. El ritmo de cambio se ha acelerado en los últimos años, ya que se han adoptado reformas estructurales impensables en sectores de la economía que incluyen a la energía y telecomunicaciones; y el ritmo de recuperación del peso ante el dólar pareciera mostrar una economía relativamente sana y con ello un futuro económico estable para el país.

El comercio internacional, importante para la economía mexicana que equivale al 73 por ciento del PIB, pasa por un proceso difícil por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). La industria petrolera ha comenzado a aceptar la inversión extranjera y está en pleno cambio; el sector financiero es competitivo y abierto y la participación extranjera es creciente.

Sin embargo, existen numerosas limitaciones para lograr una expansión económica aún más dinámica, como la falta de competencia en la economía interna, la rigidez del mercado de trabajo, los elevados costos que las pequeñas empresas deben soportar, para cumplir con las excesivas cuotas obrero-patronales, las deficiencias institucionales dentro del sistema judicial y los limitados avances en la contención de altos niveles de delincuencia. La corrupción es un problema continuo y creciente.

El PRI recuperó la presidencia en el 2012, con la elección de Enrique Peña Nieto, quien después de presionar la mayor parte de su ambiciosa agenda de reformas estructurales en 2013-2014, se ha centrado en su lenta implementación y en defender, sin mucho éxito popular la posición de México ante Estados Unidos, de cuya relación depende en alto grado la economía mexicana.

Por otro lado, los grandes carteles colombianos y el creciente negocio que representan los consumidores en Norteamérica hicieron crecer a los “empresarios de las drogas” como nunca en México.

La creciente delincuencia relacionada con las drogas ha resultado en homicidios, y la corrupción generalizada ha aumentado la insatisfacción pública sobre la eficacia de los esfuerzos anticorrupción por las instituciones gubernamentales débiles y los escándalos que se dan de gobernador tras gobernador corrupto, o que no puede abstraerse de influjo de los carteles o simplemente piensan que es mejor enriquecerse y dejar que los negocios ilegales florezcan, tratando de mantener una relativa paz social.

El porcentaje de profesionistas que alcanzan títulos universitarios y se labran un porvenir económico en México parece no crecer al ritmo que quisiéramos, así lo percibimos desde este país y vemos con temor fundado que las huestes que conforman los partidos populistas ganan cada vez más terreno ante el avance de la falta de oportunidades, de la corrupción, que no permite un crecimiento sano a los pequeños empresarios, y la inseguridad de la que culpan. Como siempre, al actual gobierno.

Cada vez vemos con más preocupación que el avance de la inseguridad en México permea a un ritmo acelerado que ha llegado a sitios donde el turismo se sentía seguro y permitía al país captar divisas y crear un halo de sitios seguros en México; esto pone en peligro la industria del turismo.

Como si esto fuese poco, en la frontera de Texas vemos que la falange de López Obrador, que promete el restablecimiento del futuro del país por un lado y obtiene sus fondos y seguidores por medio de la violencia y corrupción, por otro, sin duda, avanza apoyándose en las debilidades y estragos que logra la posición del México actual como la hemos descrito.

Si bien la economía mexicana se ha beneficiado de las fronteras abiertas, de los flujos de inversión extranjera directa y del TLCAN; se deben mejorar los resultados de la educación, erradicar la cultura de la corrupción, pero sobre todo, los empresarios- a los que hoy acuden convenencieramente- no deben de apoyar a políticos populistas porque el resultado será que México se convierta en un país como lo es hoy Venezuela por el apoyo de empresas que después Maduro nacionalizó.

Hoy la radiografía de México muestra un Colombia en ciernes que ha tardado décadas y aun no se repone ¿Usted qué opina de todo esto amigo lector?

El autor es analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.