Monterrey

Los demonios de la empresa familiar

OPINIÓN. El problema surge cuando dentro de la misma familia no comunicamos, no aceptamos y no negociamos ni sancionamos, hechos o comportamientos difíciles.
EMPRESAS
FAMILIARES

ROSA NELLY
TREVINYO 
RODRIGUEZ
10 febrero 2016 9:38 Última actualización 10 febrero 2016 9:52
Rosa Nelly Trevinyo Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo Rodríguez

Existen ocasiones en que, en temas de empresa familiar, tratamos de tapar el sol con un dedo. Nos hacemos de la vista gorda u omitimos información con tal de “guardar las apariencias”, “que los muchachos no se enteren” o simplemente “para evitar un conflicto”. Y, aunque soy fiel creyente de que los trapitos sucios se lavan en casa, el problema surge cuando dentro de la misma familia no comunicamos, no aceptamos y no negociamos ni sancionamos, estos hechos o comportamientos difíciles.

Y es que, los ejemplos sobran: fraudes realizados por un miembro de la familia que colabora en el negocio, abuso de confianza en la utilización de poderes legales (avales, garantías, cuentas bancarias en co-propiedad), empleo excesivo de prestaciones empresariales, toma de decisiones arbitrarias sin consultar a los socios, el alcoholismo o drogadicción de algún colaborador miembro de la familia, las aventuras extramaritales y los hijos no-reconocidos de un socio, etc. Sin duda alguna, los Demonios de la Empresa Familiar.

La pregunta obligada es ¿Cómo los enfrentamos? Si queremos movernos hacia adelante y mitigar el efecto negativo de estas acciones, no sólo debemos darles la cara, sin tapujos, sino actuar en consecuencia y sentar precedentes. Para ello, lo primero que debemos asimilar es que:

1. Los problemas SE arreglan hablando, NO dejándose de hablar.

Que nos quede claro, el tratar de evitar hablar del asunto, el esconder a los demás miembros de la familia lo que sucede, y el poner punto final a la discusión no hará desaparecer los demonios. Al contrario, los elevará a tal nivel que siempre rondarán a los miembros de la familia ¿Por qué? Porque los habremos convertido en temas tabú—esos temas de los que todos saben (bien, mal o regular) y por los que nadie pregunta (sólo intuyen e inventan)—preservando las historias y fantasías y evitando que las siguientes generaciones puedan aprender del error cometido.

Recomendación: No esconda la verdad. Comunique, guardando las debidas formas y el respeto, lo que está sucediendo.

2. Los problemas se arreglan negociando y actuando con firmeza—A su debido tiempo.

El costo de oportunidad de no arreglar un problema a su debido tiempo se vuelve extremadamente alto al pasar los años ¿Por qué? Porque los malos comportamientos se van convirtiendo en hábitos—“no pasa nada”, “igual me tienen que ayudar”—y los malos hábitos se traducen en modelos a seguir para las generaciones venideras (aprenden con el ejemplo). Por ello, hay que encarar a los demonios a tiempo, negociar firmemente y sentar precedentes que puedan guiar el comportamiento de los que vienen detrás.

Recomendación: Asegúrese de contar con la ayuda de un profesional externo a la familia que pueda contener la situación emocional en caso de que ésta se salga de control.

En resumen, hay que reconocer, evitar y en su caso, controlar, a los demonios de la empresa familiar ¡No les tenga miedo! Y… Olvídese del qué dirán: Primero es su familia y su patrimonio.


* La autora es socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.