Monterrey

Los corruptores

OPINIÓN. Corrompen lo que tocan. De nuevo, ¿por qué no hay instancias gubernamentales que funcionen como contrapeso DURANTE su gestión, PREVINIENDO la voraz rapiña y no ya que acabaron –y disfrutaron- de sus abusos.
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Miguel Moreno Tripp
morenotrip@ gmail.com.mx
13 agosto 2017 23:14 Última actualización 14 agosto 2017 7:28
Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Hay corruptores de varios tipos. Empecemos por lo peor de lo peor: los corruptores de menores. Monstruos que matan la inocencia de los niños y niñas y los marcan de por vida. No me parece correcto que se salga en su defensa porque “quezque” hay que respetarles sus derechos humanos cuando su comportamiento, de humano no tiene nada.

Siguen en la cadena los corruptores criminales, es decir, aquellos que enganchan a los jóvenes (y no tan jóvenes) en su narco-guerra contra el estado y contra el que les afecte de alguna manera sus intereses. Se convirtieron en “role-model” aquellos que prefieren “vivir tres años como rey y no treinta como buey”. Saben (¿de verdad se darán cuenta?) que lo mejor que les puede pasar es morir en la narco-disputa, lo segundo es que los pesque la autoridad, pero lo peor de lo peor es que caigan en las garras de los contrarios, porque saben perfectamente lo que les espera ya que ellos se la aplican a sus adversarios.

Dos especies más: los malos gobernantes (¿también habrá buenos?).

Corrompen lo que tocan. De nuevo, ¿por qué no hay instancias gubernamentales que funcionen como contrapeso DURANTE su gestión, PREVINIENDO la voraz rapiña y no ya que acabaron –y disfrutaron- de sus abusos.

No se quedan atrás los que se las dan de blancas palomitas -con cuello blanco-: los malos empresarios que acaban siendo lo mismo. Muchas veces para que haya un corrupto es que hay un corruptor.

Hay un eslabón adicional en la cadena. Esta especie de corruptor no distingue de jóvenes, adultos o ancianos. Agarra parejo con hombres y mujeres. ¿Distingue entre clases sociales? Sí, pero sólo para atacar a alguna de ellas, aunque a veces es solo de dientes para afuera, ya que los usa a su conveniencia. Me refiero a los populistas -y vale acotar a los que son populistas en el sentido latinoamericano-. Son unos verdaderos depredadores. ¿Por qué se diría que hace tanto daño si se supone que ven y defienden al pueblo? Porque realmente compran conciencias a cambio de mendrugos. Matan espíritus emprendedores y sobre todo acaban con lo más preciado que pudiera tener una persona: su libertad.

A cambio de espejitos para las masas, pero carretadas de dinero para unos cuántos, Venezuela está como esta. Se fueron por el camino fácil: “voto por el que me dará algo -lo que sea- si estiro la mano”. Ahora se arrepienten, pero es demasiado tarde.

Cuba ni se diga. Un par de generaciones nacieron, crecieron, se multiplicaron y murieron bajo la tiranía de un Dictador que, cuando se murió, heredó su cetro a su hermano. A ver quien sigue.

En México lo vivimos con Echeverría y López Portillo: los arquetipos del populista mexicano. Menos mal que no se eternizaron en el poder como pretende hacer el Dictador de Venezuela y hablando del diablo: Cuando veamos las barbas del vecino cortar, que nos agarren confesados si en México acabamos así. Realmente es un peligro quien ofrece esos espejitos, pero aparentemente se los están comprando.

El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcionar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.