Los claroscuros del lenguaje
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Monterrey

Los claroscuros del lenguaje

OPINIÓN. "Sale nuestro Presidente y promulga e invita a la no corrupción, cuando lo acaban de agarrar con las manos en la masa".

Tatiana Clouthier | Mirada del Norestetamaramtz@gmail.com
14/02/2017

                                                              Palabra adornada no es sincera
                                                                                 Lao-Tsé

Sin duda la comunicación es el medio por el que el humano logra entenderse o no entre pares. Por tanto es fundamental recordar que no solo comunicamos con los sonidos (palabras) que producimos, sino también a través de los gestos, expresiones, forma de vestir y caminar entre otros.

Hoy me ocuparé más del lenguaje de las y los mexicanos pues tenemos una peculiar manera de manejarlo que difícilmente se ve en otro país.

Queremos decir una cosa y decimos otra en forma textual, obligando casi a nuestro escucha a interpretar nuestra idea. Un ejemplo es cuando un jefe le pregunta a la asistente si realizó la llamada con el señor X y ésta contesta “sí, pero estaba muy ocupado”. Wow, quien estaba ocupado, el teléfono o el señor y esto no aclara si el mensaje llegó al destinatarios.

Sin embargo, estos códigos vienen muy de la mano desde nuestra manera de querer “ocultar” la realidad e incluso ver si logramos “engañar” al otro. De esto nos habló ya mucho Sara Sefchovich en su libro “País de Mentiras” y Gutiérrez Vivó en “El otro yo del Mexicano”. Gutiérrez Vivó comenta que cuando se redactan nuestras leyes, se utilizan términos ambiguos para no comprometerse con nada.

Ejemplifico a esto último que me llamó preferentemente la atención cuando fui diputada pues la leyes parecían estar redactadas para imprimirse y no para cumplirse: A la letra decía: “El Instituto x coadyuvará…, la autoridad procurará….. , etc.” . Ejemplos como este sobran en nuestras leyes y en nuestros reglamentos, donde la autoridad “engaña” desde el origen al ciudadano y éste se la compra.

También tenemos empresarios y comerciantes que hacen anuncios inaceptables: “Se venden litros de a litro”, “Aquí el kilo sí está completo”. ¿Dónde demonios existe un litro que no sea de litro o un kilo de 800 gramos? Estas son las expresiones con las que a través de nuestro lenguaje nos vamos engañando y así caminamos sin compromiso alguno.

Igualmente sale nuestro Presidente y promulga e invita a la no corrupción, cuando lo acaban de agarrar con las manos en la masa.

En la otra esquinas la Autoridad prohíbe la venta de alcohol en la banqueta de los restaurantes, a ese mismo que les autoriza venta de comida y colocación de mesas para fumar en el exterior, mas no para vender alcohol.

Muchos de nosotros hablamos del mañana como un tiempo que pocas veces ocurre para iniciar algo o citamos a una hora sabiendo que eso será diez o quince minutos más tarde, nunca el “Sharp”.

El horario de cierre de los bares es a las dos y eso se debe interpretar que a esa hora dejan de servir alcohol y se cierra una hora más tarde.

Acudimos al llamado de UNIDAD porque Trump nos ha discriminado al llamarnos ladrones, nacos, narcos, etc, y así discriminamos a nuestros hermanos mexicanos que no tienen un aspecto similar al de nosotros.

Con estos ejemplos y muchos otros no puedo estar más que de acuerdo con Ralph Waldo Emerson: “El hombre no es más que la mitad de sí mismo. La otra mitad es su expresión”.

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Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.