Monterrey

Los claroscuros del lenguaje

OPINIÓN. "Sale nuestro Presidente y promulga e invita a la no corrupción, cuando lo acaban de agarrar con las manos en la masa".
Tatiana Clouthier | Mirada del Noreste
tamaramtz@gmail.com
14 febrero 2017 9:27 Última actualización 14 febrero 2017 9:27
Tatiana Clouthier, maestra en Administración Pública.

Tatiana Clouthier, maestra en Administración Pública.

                                                              Palabra adornada no es sincera
                                                                                 Lao-Tsé

Sin duda la comunicación es el medio por el que el humano logra entenderse o no entre pares. Por tanto es fundamental recordar que no solo comunicamos con los sonidos (palabras) que producimos, sino también a través de los gestos, expresiones, forma de vestir y caminar entre otros.

Hoy me ocuparé más del lenguaje de las y los mexicanos pues tenemos una peculiar manera de manejarlo que difícilmente se ve en otro país.

Queremos decir una cosa y decimos otra en forma textual, obligando casi a nuestro escucha a interpretar nuestra idea. Un ejemplo es cuando un jefe le pregunta a la asistente si realizó la llamada con el señor X y ésta contesta “sí, pero estaba muy ocupado”. Wow, quien estaba ocupado, el teléfono o el señor y esto no aclara si el mensaje llegó al destinatarios.

Sin embargo, estos códigos vienen muy de la mano desde nuestra manera de querer “ocultar” la realidad e incluso ver si logramos “engañar” al otro. De esto nos habló ya mucho Sara Sefchovich en su libro “País de Mentiras” y Gutiérrez Vivó en “El otro yo del Mexicano”. Gutiérrez Vivó comenta que cuando se redactan nuestras leyes, se utilizan términos ambiguos para no comprometerse con nada.

Ejemplifico a esto último que me llamó preferentemente la atención cuando fui diputada pues la leyes parecían estar redactadas para imprimirse y no para cumplirse: A la letra decía: “El Instituto x coadyuvará…, la autoridad procurará….. , etc.” . Ejemplos como este sobran en nuestras leyes y en nuestros reglamentos, donde la autoridad “engaña” desde el origen al ciudadano y éste se la compra.

También tenemos empresarios y comerciantes que hacen anuncios inaceptables: “Se venden litros de a litro”, “Aquí el kilo sí está completo”. ¿Dónde demonios existe un litro que no sea de litro o un kilo de 800 gramos? Estas son las expresiones con las que a través de nuestro lenguaje nos vamos engañando y así caminamos sin compromiso alguno.

Igualmente sale nuestro Presidente y promulga e invita a la no corrupción, cuando lo acaban de agarrar con las manos en la masa.

En la otra esquinas la Autoridad prohíbe la venta de alcohol en la banqueta de los restaurantes, a ese mismo que les autoriza venta de comida y colocación de mesas para fumar en el exterior, mas no para vender alcohol.

Muchos de nosotros hablamos del mañana como un tiempo que pocas veces ocurre para iniciar algo o citamos a una hora sabiendo que eso será diez o quince minutos más tarde, nunca el “Sharp”.

El horario de cierre de los bares es a las dos y eso se debe interpretar que a esa hora dejan de servir alcohol y se cierra una hora más tarde.

Acudimos al llamado de UNIDAD porque Trump nos ha discriminado al llamarnos ladrones, nacos, narcos, etc, y así discriminamos a nuestros hermanos mexicanos que no tienen un aspecto similar al de nosotros.

Con estos ejemplos y muchos otros no puedo estar más que de acuerdo con Ralph Waldo Emerson: “El hombre no es más que la mitad de sí mismo. La otra mitad es su expresión”.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.