Monterrey

Licencia para robar

OPINIÓN. En días pasados (y meses, y años y décadas) hemos sido testigos de un escándalo y otro también, de cómo los políticos roban descaradamente. Las noticias van y vienen y desgraciadamente se ha convertido en un tema trillado.
WIKI-LÍTICO

MIGUEL
MORENO
TRIPP
25 abril 2016 9:18 Última actualización 25 abril 2016 9:26
Miguel Moreno Tripp

Miguel Moreno Tripp

Tenemos a la delincuencia común y también a la delincuencia organizada, pero hay otro tipo de delincuencia que nos afecta a todos –los otros delincuentes incluidos- y es la delincuencia certificada para robar.

Es delincuencia certificada, como lo son tantas profesiones porque son profesionales del robo ya que tienen licencia –más bien charola- que los distinguen como unos buenazos en su profesión. Se han refinado (bueno, es un decir) en sus lides y como si fueran Robin Hoods modernos, roban a los ricos (y a los pobres, y a los de en medio, y a todos) pero para su propio beneficio. Encima de todo, cínicamente se hacen las víctimas.

En días pasados (y meses, y años y décadas) hemos sido testigos de un escándalo y otro también, de cómo los políticos roban descaradamente. Las noticias van y vienen y desgraciadamente se ha convertido en un tema trillado. Ya nos acostumbramos.

¿Mas de cien millones de pesos en departamentos en Estados Unidos del Diputado del Panal / SNTE? Esto es adicional a lo que la maestra (hay que ver que bien los enseñó a sus discípulos) se embolsó.
¿Cuántos más habrá en ese partido y en su sindicato? ¿Otro candidato a gobernador con departamento de cincuenta y ocho millones de dólares en New York? Son solo las noticias más relevantes de las dos últimas semanas.

Se lanzan llamadas de basta, el 3de3, etc. y no pasa nada. Más se tardan en hacerse públicas las iniciativas que en lo que ellos se rasgan las vestiduras y se quejan –pobrecitos- de cómo tienen “fines políticos” ¿Se ha puesto a pensar que será eso de los “fines políticos”? Puro rollo marrullero. Lo que sí sé es que con ese escudo sigue la mata dando.

No pasa nada por varias razones. Primero porque se nos olvidan las cosas. En lares más cercanos que New York o Miami (pero casi igual de exclusivos) la casa de 20 millones de pesos ya tuvo el beneficio del carpetazo del tiempo. Aunque eso sí, todos los días el pavimento nos la recuerda de como ella sí tiene una mansión y nosotros que nos freguemos.

El tiempo se encarga de darle carpetazo a los escándalos de los corruptos porque somos el penúltimo lugar en impunidad de acuerdo a reportes de la ONU. El Presidente Peña Nieto mencionaba que la corrupción es un tema cultural. Efectivamente, no tenemos la cultura ni de la denuncia ni del castigo al que la hace. La OECD lo pone muy claro: La corrupción incrementa el costo de llevar a cabo negocios y excluye a los pobres de los servicios públicos perpetuando la pobreza.

Pero nos falta considerar otro elemento. Desgraciadamente no nos hemos asumido como lo que somos: VÍCTIMAS, así en mayúsculas.
Somos víctimas de ese tipo de delincuencia, los que sí pagamos nuestros (¿?) impuestos (pobre de uno si no entrega o paga en tiempo y forma porque a nosotros sí nos cae encima todo el peso de la ley) porque uno se la parte en lo que hace y esos solo llegan a llenarse los bolsillos. Peor para los pobres: esas carretadas de dinero, los dejan muertos de hambre (literalmente).

En El Financiero, si Ud. busca las palabras “corrupción México”, encontrará 107 artículos, tan sólo durante el 2015. Un artículo cada 4 días. En lo que va del año, ya van 25. La misma proporción del año pasado. Parece que seguirá igual.

* El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su Despacho asociado con Crowe Howrath para proporcio- nar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.