Monterrey

Legitimidad: Un “Must” en la Empresa Familiar

Opinión.  Ganarse la legitimidad toma tiempo y trabajo—es un proceso—, y que un elemento indispensable para ello es que cuando se hagan las cosas, se obtengan buenos resultados.
EMPRESAS FAMILIARES

ROSA NELLY TREVINYORODRÍGUEZ
​rosanelly@trevinyorodriguez.com
02 noviembre 2016 10:8 Última actualización 02 noviembre 2016 12:19
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

¿Usted respetaría, defendería y se comprometería con un jefe que vive en el Olimpo? Sí, uno de esos jefes que no se aparece ni pasea nunca por “los pasillos”, “el campo”, o “el piso de ventas” , aquél que oye pero no escucha a sus empleados y que se la pasa dictando estrategias desde arriba sin considerar la realidad que vive la empresa.

Algunos pocos lo harían—aquellos con necesidad económica, interés
en la jubilación o indiferencia total hacia el negocio y sus propias carreras profesionales. Los demás, tarde o temprano se pronunciarían, se irían o se acomodarían.

Y es que, la legitimidad es la aceptación o validación voluntaria, por
parte de terceros, de una autoridad. Y para bien o para mal, ésta se gana, no se impone. Es decir, tiene más que ver con el reconocimiento social que con el ejercicio del poder (coacción).

Por ello, cuando hablamos de la empresa familiar y especialmente, del involucramiento en el trabajo de los miembros de la siguiente generación, la legitimidad se vuelve un aspecto crítico, siendo la prueba de fuego que deben pasar antes de poder dirigir.

Hace poco, un miembro de siguiente generación me externó: “Aunque soy director, no entiendo por qué no tengo legitimidad en mi propia empresa” . Cuando hablaba de no tener legitimidad se refería a que no lograba ejercer suficiente influencia y obtener compromisos claros de las personas que colaboraban en el negocio. Es decir, no le hacían caso a menos que utilizara el poder formal—coacción (“si no lo haces, te vas” ). Y es que, a veces, cometemos el error de aceptar dirigir sin haber pasado por un proceso de aprendizaje y desarrollo de autoridad.

Para evitar estas situaciones, aquí comparto cinco recomendaciones:
1.- Demuestra voluntad de aprender, trabajar y construir junto con los colaboradores actuales. No importa que sean más grandes que tú o que no sepan utilizar la tecnología, intenta genuinamente interesarte por ellos, por lo que saben, por qué y cómo aportan en la empresa de tu familia... Pregúntales; verás que tienes mucho que aprenderles. Sé humilde.

2.- Antes de querer mandar, adquiriere experiencia y forja una
buena reputación en tu área de expertise
. Para que te respeten, debes lograr mostrar competencia y buenos resultados en tu área específica de trabajo—deja de ser un todólogo; conviértete en un experto.

3.- Ejerce tu vocación de servicio; ayuda a tus colaboradores a
crecer personal y profesionalmente
. Reconoce, desarrolla e impulsa el talento dentro de tu propia empresa familiar. Invierte en, y valora a, la
gente.

4.- Utiliza el poder implícito que tienes de una manera justa. Corrige injusticias y ejerce el poder en tiempo y forma (no dejes pasar abusos).

5.- Desarrolla la virtud de la prudencia y el buen juicio. Analiza los
impactos de tus acciones y decisiones; si hay riesgo para la empresa no
intentes imponer una disposición— aún y cuando estés convencido.

Finalmente, debo aclarar que ganarse la legitimidad toma tiempo y
trabajo—es un proceso—, y que un elemento indispensable para ello
es que cuando se hagan las cosas, se obtengan BUENOS resultados.
Si esto no pasa, la legitimidad decrece; perdiéndose la confianza en
las capacidades del individuo. Así que, antes de aceptar dirigir, ¡prepárate! 

* La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.