Monterrey

Las bravatas de Netanyahu no son con México

Opinión. Lo que Netanyahu busca es congraciarse con Trump y sus nuevos aliados de Nueva York y Wall Street, aunque con ello tenga que pisotear a México.
DESDE TEXAS….

JAVIER AMIEVA
​javier.amieva@hispanicinternational.com
30 enero 2017 10:31 Última actualización 30 enero 2017 10:32
Javier Amieva

Javier Amieva

“Netanyahu es el segundo ministro con más permanencia en ese puesto
en Israel, y aunque a menudo es retratado como un ideólogo, su principal objetivo casi siempre parece ser la auto preservación. La mayoría de los israelíes están cansados de la creciente lista de escándalos que se arremolinan alrededor de su oficina, pero todavía planea postularse a un quinto mandato, y tal vez más: habla ocasionalmente de su visión para la próxima década”, declara un diario Neoyorkino.

Pero la realidad es que Israel cuenta con 200 mil electores registrados
que influyen no solo en el voto directo si no que son además poseedores de inmensas fortunas que pueden cambiar el destino de Israel en tan solo unos minutos.

Los últimos meses de la administración Obama con Kerry, como Secretario de Estado, no fue una luna de miel con Israel, porque la administración Obama, en su afán socialista y de justicia internacional aunque un poco soñadora, creía en los planes de convivencia pacífica internacional, incluso con hasta con los enemigos declarados de Israel.

Netanyahu, es un líder cardinal además de ser el Primer Ministro, el
segundo que ha permanecido más tiempo en ese puesto desde la creación del Estado de Israel. Este primer ministro, sin embargo, es vulnerable en el flanco apoyado por la derecha y por los jóvenes. En sus ocho años en el poder ha hecho poco para resolver los problemas económicos de este país, o sus múltiples argumentos sociales y culturales.

Por lo tanto, su punto de promoción principal para los votantes -su
único, en realidad- es que es un nacionalista duro y pragmático que
resistirá a los palestinos y a la comunidad internacional.Pero los conservadores de Israel, especialmente los más jóvenes, son cada vez más religiosos y nacionalistas, por lo que Netanyahu enfrenta una creciente lista de desafíos. De hecho, su embajador en las Naciones Unidas, Danny Danon -un oponente de la solución de “dos Estados”- fue “desterrado” para sacarlo de la política israelí durante unos años. No es que el tamaño del bloque de la derecha- religiosa en Israel haya cambiado mucho, de hecho los conservadores han constituido la misma porción de la población desde los años ochenta; pero el pueblo Judío es culto y la nación más grande que existe en el territorio más pequeño posible. Israel diferencia entre asentamientos y “puestos avanzados”, que se construyen sin el permiso del gobierno. E idénticamente que otros países sufrió embestidas y olas de inmigrantes buscando refugio de los países árabes y de áfrica. Pero en lo que asentamientos se
refiere en la frágil faja del estado de Israel Amona era la última, ilegal no
sólo desde el punto de vista del derecho internacional, sino también bajo la ley israelí. En diciembre del 16, a instancias de Netanyahu, el Knesset o Parlamento del Estado de Israel, dio la aprobación preliminar para el “proyecto de ley”, que legalizó retroactivamente miles de casas en Cisjordania. Lo hicieron aunque el fiscal general advirtió que lucharía por defender la ley ante los tribunales y que la Corte Suprema casi seguramente lo derribaría. El proyecto necesita dos votaciones más para convertirse en ley, lo que ocurrirá hoy que Trump está a cargo y que miles de votantes judíos tiene lazos políticos con Obama, hasta familiares si atendemos al yerno de Trump.

Así, con un Presidente en Estados Unidos, que Netanyahou no pensaba que vencería, con un casi insoluble problema de más de 2 mil años, que ha sido resuelto por Netanyahou aislándose mediante cercas y disparos, en espera de importantes resoluciones de Knesset respecto a asentamientos irregulares y asilados y sobre todo con planes de permanecer por un periodo político más, a los mexicanos no nos
importa su política interna, ni tampoco a él la de México, lo que Netanyahu busca es congraciarse con Trump y sus nuevos aliados de Nueva York y Wall Street, aunque con ello tenga que pisotear a México.

Que lástima que Netanyahou no represente ni por mucho, a los grupos
israelitas que han crecido con México y que han hecho de este país su casa, donde mantenemos el más profundo respeto por sus tradiciones y cultura. Es posible que Israel ha avanzado más como nación en México que en su propio país.

* El autor es analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.