Monterrey

La viga en el ojo propio

Opinión. Seguir con una relación de actos macabros llevados a cabo por “el pueblo” no nos llevará a nada, pero no hay que olvidar que ahí están sus actos. La gran mayoría de las veces sin consecuencia.
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MIGUEL MORENO TRIPP
​lectores@elfinanciero.com.mx
19 diciembre 2016 13:5 Última actualización 19 diciembre 2016 13:7
Miguel Moreno Tripp

Miguel Moreno Tripp

Seguramente usted estará indignado por la golpiza que le dieron a Ana Gabriela Guevara. Y digo seguramente Usted sí porqué, en la aberración de las aberraciones desde mi punto de vista, no solo fue la golpiza física sino también la psicológica en las redes sociales. De ahí el seguramente: en opinión de algunos: “se lo merecía por pisar los derechos de quienes hacían fila para la caseta”, “habría que escuchar a la otra parte” y otras cosas más que no debieron de haber salido del cerebro de quien las escribió. Claro, asumiendo que tuvieran cerebro quienes escribieron lo que escribieron, porque queda claro que lo que no conocen son los conceptos de compasión o empatía.

“Es que parece hombre” fue otro de los insultos, pero, aun  así, si hubiera sido un hombre la víctima, uno contra cuatro, seguramente
habría acabado igual.

El caso de Ana Gabriela Guevara, victimizada por partida doble, no es el único. En meses pasados, a Bárbara Anderson, la insultaron porque se le ocurrió hacer pública la situación por la que atravesó con su hijo con capacidades diferentes al negársele la entrada a Recórcholis. Los insultos fueron realmente denigrantes.

A mujeres policías también las agreden e insultan; claro que salen los luchadores sociales a la defensa del pueblo a medrar con su agenda política. Sobran ejemplos de suicidios inducidos por y en las redes sociales de menores de edad.

¿Porque acabamos culpando a las víctimas y tratando de justificar
a los victimarios? Estamos ante una sociedad barbárica y cobarde
por varios lados.

Es una sociedad barbárica porque llegaron a cortarle la mano a un policía en Nochixtlán y querían quemarlo vivo; a un repartidor de medicamentos lo mataron a golpes porque algunos faltos de inteligencia, pero sobrados de rencores, decidieron que era
secuestrador. Otros jóvenes encuestadores tuvieron una suerte igual. En el ExDF, lanzan bombas molotov a los “granaderos”. Esos
“granaderos”, son personas.

En fin, seguir con una relación de actos macabros llevados a cabo por “el pueblo” no nos llevará a nada, pero no hay que olvidar que ahí están sus actos. La gran mayoría de las veces sin consecuencia.

Es cobarde la actuación, porque no creo que se enfrentaran uno a uno. Solo entre varios se envalentonan.

También es cobarde porque se aprovechan del anonimato en las redes sociales para verter cascadas de venenosos y putrefactos comentarios que, de nuevo, en persona no se atreven.

¿Cómo corregirlo? Es necesario cambiar de mentalidad y eso se logra por medio de la educación, sin lugar a duda, pero también observando el ejemplo de los líderes. El problema está en que muchos de ellos no tienen que ofrecer y se la pasan atacando y despotricando contra el que
está en turno de Presidente.Las mismas críticas, pero recicladas.

¿Le tocó la época en la que había una materia de civismo? Los “progres” la quitaron, porque es lo “moderno”, lo “de hoy”. Lo de hoy y siempre será el civismo para la buena convivencia en sociedad.  Nos quejamos de otras regiones en las que son racistas y otros epítetos: cómo nos hace falta ver la viga en el ojo propio.

* El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Em- presas, en el IPADE. Se desempeñó como Director Gen- eral de entidades del área Internacional
en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcio- nar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.