Monterrey

La simulación

Opinión. En el hecho de cobrarle al INE las cuotas que le tocan a su personal partido, y por otro lado estar justificando el robo, ya sea tanto al tren como a la CFE. En parte, por las “pérdidas no-técnicas” es que no pueden bajar las tarifas.
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MIGUEL MORENO TRIPP
​morenotrip@gmail.com.mx
24 octubre 2016 9:9 Última actualización 24 octubre 2016 12:17
Miguel Moreno Tripp

Miguel Moreno Tripp

El Artículo 21 de la Constitución Política de Los Estados Unidos Mexicanos nos indica que: “La seguridad pública es una función a cargo de la Federación, el Distrito Federal, los Estados y los Municipios, que comprende la prevención de los delitos; la investigación y persecución para hacerla efectiva, así como la sanción de las infracciones administrativas, en los términos de la ley, en las respectivas competencias que esta Constitución señala. La actuación
de las instituciones de seguridad pública se regirá por los principios de legalidad, objetividad, eficiencia, profesionalismo, honradez y respeto a
los derechos humanos reconocidos en esta Constitución.”

Sí, es un mandato constitucional pero la realidad es que pocos municipios, en la práctica, pueden cumplirlo ya que los cuerpos
policiales, esos que idealmente marca el mencionado artículo, cuestan dinero y mucho. 

Dinero que no siempre se tiene, con lo que se les paga poco, pero los criminales acaban “subsidiando” los ingresos de los policías.

Eso sí, suena muy bien dárselas de progresista. Como en la nueva constitución del Ex DF. Llega a extremos que ya parecen ridículos como el proteger derechos sexuales. ¿No será más importante la inseguridad? ¿La contaminación no es un problema? ¿A notado que por allá no se inundan, se “encharcan”? Un eufemismo que, según sus gobernantes, dejan menos mal parado al Ex DF. ¿Han acabado con la pobreza, particularmente han resuelto el desgarrador problema de los niños en situación de calle? Por supuesto que no, pero nuestros políticos, en un afán de “proteger los derechos políticos” desinteresadamente se envuelven en esa bandera. Así nos cuestan.

Situación similar es la autonomía universitaria. Mucha autonomía, pero
viven del erario sin rendir cuentas.

¿Por qué no generan sus ingresos como para mostrar un poco de congruencia? Por lo menos tengan la calidad moral de aceptar que no pueden ser autónomos. Así nadie los molestaría.

Esta semana se determinó que los sindicatos podrán tener voto secreto
después de más de un siglo de sindicalismo.

La primera huelga fue en Cananea en ¡1906! Tan ridículo suena a que los agremiados a los sindicatos tenían que votar a mano alzada a la vista de todos –por más de cien años-, como es ridícula la riqueza que
acumulan los líderes sindicales a costa de sus agremiados y del erario en el caso de los sindicatos de entidades gubernamentales. Dinero que sale de nuestros bolsillos.

Más simulación no puede haber en el hecho de cobrarle al INE las cuotas que le tocan a su personal partido, y por otro lado estar justificando el robo, ya sea tanto al tren como a la CFE. En parte, por las “pérdidas no-técnicas” es que no pueden bajar las tarifas.

Basta ya de simulación. No les alcanza a los municipios, ni a las
Universidades y los dineros de los sindicatos acaban en los bolsillos de
unos cuantos. Mandan al diablo a las instituciones, pero bien que cobran de ellas. Si bien en México está el problema de la corrupción, otro de igual magnitud sería precisamente el problema de la simulación.
En papel suenan bien muchas cosas. En la práctica no sucede así. Se dice que al reconocer un problema ya se tienen la mitad de la solución.
Ojalá y empezáramos ya.

* El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su
Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcionar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.