La Política Económica y el Populismo Económico
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La Política Económica y el Populismo Económico

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La Política Económica y el Populismo Económico

Es de vital importancia que exista un equilibrio entre los objetivos de crecimiento económico y de bienestar de los más necesitados.

Opinión MTY COMENTARIO ECONÓMICO Marco A. Pérez Valtier
13/06/2018
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Marco Pérez ValtierFuente: Félix Vásquez

El término “Populismo Económico” usualmente se asocia a la aplicación de acciones y programas gubernamentales que benefician al pueblo, en particular a los más necesitados, utilizando recursos públicos aportados por los contribuyentes.

Por otro lado, uno de los objetivos de la Política Económica, además de incentivar el crecimiento económico, es el de buscar una distribución más igualitaria del ingreso, principalmente mediante acciones de gasto público que favorezcan la movilidad social, de aquí que en nuestra Constitución se establezca que la educación básica, principal vehículo para la movilidad social, sea gratuita, sin importar si quien la solicita tenga o no recursos económicos.

Es de vital importancia, entonces, que exista un equilibrio entre los objetivos de crecimiento económico y de bienestar de los más necesitados, ya que para financiar las acciones y los programas “sociales”, se requieren recursos públicos que deben ser generados por la economía.

Si bien el “Populismo Económico” lo encontramos desde los postulados de nuestra Constitución, como es el caso de la educación básica, recientemente, en este gobierno, se legisló para que tengamos también el beneficio de la Pensión Universal, aunque en este caso, quienes tengan derecho a una pensión no califican para obtener este beneficio.

El requisito de “necesidad” para acceder a los apoyos gubernamentales de corte “populista”, no siempre ha estado presente en muchas de las acciones y programas gubernamentales, y esto es lo primero que debemos exigir, quienes financiamos con nuestros impuestos estos subsidios.

Ejemplos hay muchos, ahí tenemos el Crédito al Salario pagado en efectivo instituido a principios de los noventas, que otorgaba dinero a todos los asalariados, sin importar cuánto ganaban, situación a todas luces inaceptable e injustificable, que además es criticable por ofrecer apoyo gubernamental incluso a quienes no lo necesitan, a pesar de que hay gente desempleada.

Si bien ya se acotó este beneficio, ahora bajo la forma de Subsidio al Empleo, y solo lo obtienen los asalariados de menos ingresos, sigue siendo un estímulo pagado en efectivo, lo que hace imposible garantizar que su uso o aplicación, vaya específicamente a mitigar la carencia o la necesidad objetivo, es decir, el populismo “atado” siempre será preferible al populismo “libre” donde lo que se regala es dinero, y no bienes o servicios.

Por eso, propuestas como el Ingreso Universal, de Ricardo Anaya, serían menos “eficientes” en mitigar o satisfacer las necesidades “básicas” de la población, amén de que también son inequitativas, ya que se otorgarían a todos los ciudadanos mayores de edad, aún y cuando NO tuvieran necesidad de ese apoyo, o ya tuvieran una pensión, situación a todas luces inconveniente e inaceptable.

Si bien nuestro gobierno tradicionalmente ha sido y seguirá siendo “populista”, ya que casi la mitad de la población es pobre y dentro de sus objetivos está el de redistribuir la riqueza y mitigar las carencias de la población menos favorecida, sin embargo, la recomendación es que procure otorgar beneficios en especie y solo a la población necesitada, y no beneficios en efectivo y a toda la población.

De particular interés es que se vigile la capacidad económica del erario para sufragar las medidas de apoyo a la población, ya que los grados de libertad para aumentar los ingresos públicos, son muy limitados.

Baste señalar que el presupuesto federal que aprobaron los diputados en el año 2000, fue de 1.2 millones de millones de pesos, mientras que para este año, su monto real, (incluyendo partidas excluidas, como las compras de mercancía para reventa de Pemex) supera los 6 millones de millones de pesos, es decir, en solo 18 años, el gasto federal se HA MULTIPLICADO POR CINCO!!!!!!

En ese mismo lapso, la inflación es de sólo 110 por ciento, lo que pone de manifiesto que el crecimiento del gasto federal, en términos reales, ha sido apabullante, a costa, por supuesto, de dejar a la economía con menores recursos para invertir.

Finalmente, es recomendable supervisar la “calidad” del gasto social, ya que a pesar del creciente gasto social, los ciudadanos viviendo en pobreza se han ido incrementando, acusando una correlación POSITIVA con el gasto público, es decir, a mayor gasto público más pobreza.

El autor es especialista en estudios económicos y de finanzas públicas. Actualmente ocupa el cargo de Socio de Economía en Pérez Góngora y Asociados.

Opine usted: mperezv@perezgongora.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.