La Mejora Continua de las Instituciones en México
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La Mejora Continua de las Instituciones en México

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La Mejora Continua de las Instituciones en México

Este proceso es una de las tareas más importante en el país como para dejárselas solo a los políticos, que, en gran parte de los casos, son los menos interesados en reformarlas.

Opinión MTY tecnologíco de monterrey Edgardo A. Ayala Gaytán
04/06/2018
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Edgardo A. Ayala GaytánFuente: Cortesía

Douglass North ha propuesto que una de las causas primarias de la desigualdad del ingreso mundial estriba en la diferencia entre las instituciones que rigen los países. Por instituciones nos referimos a las reglas del juego, ya sean formales como las leyes o informales o fácticas, como aquellas dictadas por las costumbres y la cultura. Efectivamente, la evidencia histórica nos muestra que donde las instituciones se diseñan sólo para extraer rentas, como sucedió con América Latina y África en el colonialismo, el futuro de estos países, es mediocre. En cambio, donde las instituciones son incluyentes, promotoras de la iniciativa de los agentes y el emprendimiento y protejan la propiedad privada, la prosperidad será la norma.

Este periodo electoral en México me ha hecho reflexionar que hay que reconocer que en varios frentes las instituciones del país han mejorado en las últimas décadas. En los setentas y ochentas los presidentes podían poner y quitar al dirigente del Banco de México a total discreción. No sólo eso, los gobiernos federales podían financiar los déficits públicos con créditos del banco central, lo que equivalía a emisión primaria y gravar a los ciudadanos con el impuesto inflacionario. Existía una cuasi-dictadura de partido único, no se sabía ni siquiera cuanto gastaba el partidazo en una campaña presidencial, vaya no existían topes de campañas, ni árbitros electorales, prácticamente los votos se contaban en la Secretaría de Gobernación. Llegó un punto en el que el gobierno era dueño de gran parte de la economía: petróleo, electricidad, acero, ferrocarriles y hasta los cines y equipos de futbol.

Este corto viaje a los setentas y ochentas me hace pensar que México adquirió algo de solidez institucional. Esto es importante, porque la idea es que estas instituciones permanezcan o incluso se mejoren independientemente de quien sea el próximo presidente de la República. Pero la mejora continua de las instituciones debe de ser permanente. En este sentido, creo que la evidencia reciente en materia de eficiencia del gasto público y los escándalos de corrupción nos permiten algunas líneas de las próximas reformas que deberían de implementarse en la esfera pública. A continuación, presento cuatro dimensiones que creo conviene atender a la brevedad:

Autonomía. Todavía hoy como en el pasado, el procurador sigue siendo designado y removido por el presidente. Lo mismo ocurre con los directores de las empresas productivas del estado. Urge una fiscalía general y anti-corrupción verdaderamente autónoma, conviene contar con CEOs profesionales y consejos auténticos en PEMEX y CFE.

Reducir la discrecionalidad. Evidencia presentada por un par de ONGs presentan como se han desbordado los gastos en comunicación social del gobierno federal y como las asignaciones de las Aportaciones a los estados parece estar dominada por afinidades políticas. Esto es producto de la discrecionalidad en la asignación de estos presupuestos. Esta práctica promueve la ineficiencia del gasto público y la corrupción. Una reforma fiscal interesante debería de normar la asignación de las aportaciones y de plano eliminar el despilfarro de recursos públicos en imagen.

Promover la competencia en las licitaciones. Este es un punto crítico. Las legislaciones federales y estatales contienen cláusulas para evitar concursos para licitar obras públicas, aún de mega-obras. Se estima que más del 70 por ciento de las obras de la presente administración se hicieron vía adjudicación directa. Hay que promover licitaciones transparentes, que no sean a modo, y sin imponer barreras de entrada a todos los potenciales competidores, sean estos nacionales o extranjeros.

Zanahorias y garrotes. Los frecuentes y desorbitados sobre giros en los presupuestos de las dependencias federales de la actual administración, revelan que en este país no cumplir ni los presupuestos ni las metas merezca alguna sanción. En el mismo tenor, debe de repensarse el papel de la Secretaría de la Función Pública, tal vez debería de ser un organismo autónomo que no dependa del presidente o darle dientes a la Auditoría Superior de la Nación. Debería de revisarse las leyes que aplican a los servidores públicos para que en ningún caso las penas y los periodos de prescripción de los delitos que se les aplique sean menores que en el sector privado.

Esta lista es necesariamente corta, pero no cabe duda de que el camino a un mejor futuro económico pasa por las instituciones. El proceso de mejora continua de las mismas es una de las tareas más importante en el país como para dejárselas solo a los políticos, que, en gran parte de los casos, son los menos interesados en reformarlas.

El autor es Profesor Asociado del Departamento de Economía del Campus Monterrey.

Opine usted: edgardo@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.