Monterrey

La liturgia autoritaria

OPINIÓN. Hasta el momento, sorpresivamente, no he leído ninguna crítica a lo que el propio Peña Nieto ha llamado la “liturgia priista.” Al contrario, parece que celebran el derecho del Presidente de imponer a su candidato y no consideran pertinente analizar la necesidad de dinamizar la democracia dentro del partido.
ENTRADA LBRE
Sergio López Ramos
slramos2020@gmail.com
Twitter: @serlopram
28 noviembre 2017 7:17 Última actualización 28 noviembre 2017 7:17
Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Las principales fuerzas políticas del país se preparan para seleccionar a sus candidatos a la Presidencia de la República. Quizá la única novedad en estas elecciones es la oportunidad que tienen los candidatos independientes de participar en los comicios presidenciales del 2018.

La constante es la ausencia de procesos de selección de candidatos en los partidos políticos y de construcción de alianzas de los independientes con los diferentes sectores de la sociedad. Queda claro que la cultura autoritaria dentro de los partidos políticos no sólo sigue vigente sino que se ha consolidado.

Pareciera que el proceso de transición a la democracia se niega a permear dentro de los partidos políticos, cerrándole a los ciudadanos la posibilidad de participar en las elecciones locales y federales del 2018.

Los diferentes medios de comunicación y líderes de opinión hacen quinielas y análisis diarios con el objetivo de comprender los posibles factores que el Presidente Enrique Peña Nieto evalúa para decidir el nombre de su posible sucesor. Hasta el momento, sorpresivamente, no he leído ninguna crítica a lo que el propio Peña Nieto ha llamado la “liturgia priista.”

Al contrario, parece que celebran el derecho del Presidente de imponer a su candidato y no consideran pertinente analizar la necesidad de dinamizar la democracia dentro del partido.

Pero quizás la mayor decepción ha sido generada por el Frente Ciudadano por México que, en los hechos, ha demostrado ser una coalición de intereses con el objetivo de salvaguardar el oligopolio político que poseen y disfrutan. Lejos de construir un verdadero proyecto ciudadano que tenga como objetivo encauzar las demandas de la ciudadanía, se han enfrascado en cerrarle la puerta a la sociedad civil.

Los partidos que integran el frente desperdiciaron tiempo y recursos que pudieron haber invertido en la realización de foros estatales con la ciudadanía. Además, se han negado a definir el método de selección del candidato. En una sociedad política tan vertical como la nuestra, la falta de un método innovador para elegir un candidato ciudadano a la Presidencia de la República condena a los partidos políticos a demostrar que en realidad su proyecto es ganar por ganar.

Por último, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) que responde a los intereses de Andrés Manuel López Obrador tiene un método de selección bastante complejo que guarda similitudes con el otrora invencible partidazo de Plutarco Elías Calles. Así, la designación del nominado a la Presidencia recaerá en la compleja y gran decisión que tome, no los militantes de MORENA, sino el dedito de López Obrador. Por supuesto, ya sabemos quien será el candidato.

De esta forma, los candidatos independientes como Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” tampoco han hecho un esfuerzo por acercarse a la sociedad. Lejos de entender que los partidos políticos no solo están dominando la escena, porque son gobierno y cuentan con una extensa red de aliados gracias al uso discrecional de recursos públicos, Rodríguez Calderón ni siquiera ha logrado construir una agenda política que recoja las principales demandas de la ciudadanía.

Lo que parecía ser la innovación política que empoderaría, ha resultado ser más de lo mismo. Además de tener pocos resultados en Nuevo León, Rodríguez Calderón ha perdido la brújula y cree que el simple uso de la mercadotecnia y el hartazgo político podrían hacerlo un candidato competitivo. Con pocos estímulos, resulta difícil de prever el resultado de las elecciones.

El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.