Monterrey

La Institucionalización… y otras flaquezas

OPINIÓN. Para institucionalizar la empresa familiar no basta con
cambiar hábitos empresariales, eso es fácil; el verdadero reto es cambiar los hábitos familiares.
EMPRESAS FAMILIARES

ROSA NELLY TREVINYORODRÍGUEZ
​rosanelly@trevinyorodríguez.com
21 septiembre 2016 11:36 Última actualización 21 septiembre 2016 11:43
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Mucho se dice que para institucionalizar un negocio familiar se requiere
cambiar la forma de administrar, dirigir y gobernar la empresa, impulsar
la planificación estratégica, la creación de órganos de gobierno, fomentar la transparencia, la participación de consejeros profesionales, independientes y externos y la implementación de comités—es decir, generar una estructura de gobierno corporativo eficiente. O en otras palabras, cambiar hábitos empresariales.

Lo anterior no es novedad. Lo que no se dice—o sea, la verdadera novedad— es que para lograrlo, no sólo hace falta un proceso de profesionalización en los negocios, sino que también se requiere, de manera indispensable, cambiar hábitos familiares.

¿Qué tipo de hábitos familiares? 
Desde comportamientos hasta sentimientos… Algunos ejemplos podrían ser: el idealizar a los hijos, pensando que en algún momento cambiarán su proceder y serán buenos (“me ha robado y no tiene vergüenza, pero tal vez cambie” ); el enredar las cosas e influir
negativamente en las percepciones de otros miembros de la familia
(“yo que tú, no me dejaba” ); el triangular constantemente en vez de recurrir a la comunicación directa (“ve y dile tú; yo no puedo” ); el victimizarse para justificar el abuso de poder y la ambición (“me lo merezco” ); el sentir envidia por lo que tienen o puedan heredar mis hermanos (“debería ser mío” ); el postergar el establecimiento de reglas familiares-empresariales (“no lo necesitamos” ), entre otras… flaquezas.

Y digo flaquezas , porque son comportamientos y sentimientos recurrentes que suelen estar basados en desilusiones o carencias personales, y que en vez de sumar en la empresa familiar y en la familia empresaria, restan. Por ello, deben ser modificados conscientemente.

Pero, ¿cuánto tiempo le toma a una familia empresaria cambiar sus hábitos? Meses o incluso años. El plazo dependerá de qué tan cohesionada o conflictuada esté; de qué tanta alineación, indiferencia o antagonismo exista entre sus integrantes. De hecho, cada familia empresaria tiene su propio ritmo; por ello, los procesos de institucionalización familiarempresarial son un traje hecho a la medida.

Uno de los principales factores por el que algunas familias empresarias
fracasan al institucionalizar sus negocios es porque desean cambiar demasiado rápido en todos los rubros (negocio, familia e individuos)—
quieren ver resultados inmediatos. Y, aún y cuando en el negocio los avances pueden verse en el corto plazo, en los otros dos campos (familia e individuos) el progreso es paulatino. Lo más difícil, y lo último en cambiar, son los sentimientos.

Y es que, dado que nuestro cerebro recuerda todo aquello que hemos
venido haciendo durante años y nutriendo emocionalmente, los “viejos”
hábitos suelen activarse automáticamente.

En consecuencia hay que trabajar conscientemente en modificarlos,
repetirlos y evaluarlos. 

En conclusión, para institucionalizar la empresa familiar no basta con
cambiar hábitos empresariales, eso es fácil; el verdadero reto es cambiar los hábitos familiares (flaquezas ). Ahí es donde está la verdadera oportunidad de evolución para la familia empresaria.

* La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.