Monterrey

La hora de la sociedad civil

OPINIÓN. Es posible y deseable que de la mano de una sociedad civil organizada y harta de nuestra realidad, surja una nueva agenda política estatal que busque incidir en la toma de decisiones y en los comicios electorales estatales del 2018.
ENTRADA LIBRE
Sergio López Ramos
slramos2020@gmail.com
Twitter: @serlopram
25 julio 2017 9:42 Última actualización 25 julio 2017 9:42
Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Hace unos días, Grupo Reforma dio a conocer dos encuestas, la primera sobre la aceptación del Presidente de la República y la segunda sobre las tendencias electorales rumbo a los comicios presidenciales del 2018.

Es importante reconocer que, en las ultimas elecciones estatales del 2016 y 2017, las encuestas como ejercicio estadístico no han sido capaces de predecir con acierto los resultados electorales.

Por esta razón, hay que destacar que las encuestas podrían representar una fotografía de un instante y que deben entenderse como el reflejo de un cúmulo de circunstancias que pueden inclinar la balanza hacia un partido político u otro.

En primer lugar, sabemos que la aprobación del Presidente Enrique Peña Nieto ascendió 8 puntos, para colocarse en una evaluación general de 20 por ciento, de un total de 100.

Para el Presidente y su partido político pueden ser buenas ideas.

Sin embargo, 20 por ciento de aprobación entre la sociedad mexicana sigue siendo una calificación reprobatoria.

Por supuesto, motivos para esta decisión sobran.

La segunda encuesta, sobre las tendencias rumbo a los comicios presidenciales del 2018, responden a dos preguntas principales.

La primera cuestiona si la sociedad considera que el PRI debe permanecer en el poder o desea un cambio político.

Un 80 por ciento considera que es necesario un cambio del partido político en el poder.

La última pregunta, quizás la más interesante, cuestiona las tendencias electorales rumbo al 2018.

En un primer lugar, aparece el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), con un 28 por ciento, seguido por el Partido Acción Nacional con un 23 por ciento y el Partido Revolucionario Institucional con un 17 por ciento.

Por supuesto, de aquí a las elecciones presidenciales del 2018 pueden ocurrir una serie de circunstancias políticas, económicas y sociales que modifiquen las tendencias electorales.

Seria interesante analizar el posible impacto de este ejercicio en las elecciones recurrentes en nuestra entidad.

Hace algunas décadas, la región del Noreste de México fue escenario de un grupo guerrillero conocido como la liga “23 de Septiembre”, cuyo acto más conocido fue el secuestro y el asesinato de Eugenio Garza Sada.

Desde aquel entonces, la izquierda en Nuevo León ha sido relegada a un espacio de ostracismo político.

Es verdad que, a nivel local, los partidos políticos de izquierda son cacicazgos políticos que responden a liderazgos y proyectos personales, no de una comunidad.

Sin embargo, es la hora de trascender para los partidos políticos de izquierda a fin de que construyan una verdadera propuesta progresista.

Es posible y deseable que de la mano de una sociedad civil organizada y harta de nuestra realidad, surja una nueva agenda política estatal que busque incidir en la toma de decisiones y en los comicios electorales estatales del 2018.

Los ciudadanos enfrentamos la necesidad de diseñar nuevas estrategias que permitan reinventar las relaciones entre autoridades y ciudadanos e innovar las políticas públicas que nos permitan enfrentar los grande retos de nuestra sociedad.

Los ciudadanos hemos visto como los partidos políticos, grandes y pequeños, vienen y van con propuestas en temporada electoral.

Es hora de que las organizaciones no gubernamentales tengan la capacidad de compartir su experiencia y sus conocimientos, para que su liderazgo trascienda en políticas públicas que beneficien a toda nuestra comunidad.

El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.