Monterrey

La (fallida) agenda de la transición

OPINIÓN. Un sector de la clase política de Nuevo León configuraba lo que en su momento podría ser considerado la agenda de la transición de Nuevo León y que permitiría construir puentes con la sociedad para recibir sus demandas y gestionar soluciones; de esta forma, el objetivo era integrar a la sociedad civil para empoderarla y hacerla parte en la toma de decisiones de la administración estatal.
Sergio López Ramos | Entrada Libre
02 agosto 2016 10:3 Última actualización 02 agosto 2016 10:3
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Jaime Rodríguez, Gobernador de Nuevo León (Tomada de @JaimeRdzNL)

Jaime Rodríguez, Gobernador de Nuevo León (Tomada de @JaimeRdzNL)

A finales de mayo del 2015, Fernando Elizondo declinó su candidatura en favor de Jaime Rodríguez Calderón; este movimiento político que fue determinante en la elección para Gobernador, estuvo acompañado por la elaboración de una serie de medidas que conjuntaban las propuestas de Rodríguez Calderón y Elizondo Barragán que llevó por título “Alianza por la Grandeza de Nuevo León.”

De esta forma, un sector de la clase política de Nuevo León configuraba lo que en su momento podría ser considerado la agenda de la transición de Nuevo León y que permitiría construir puentes con la sociedad para recibir sus demandas y gestionar soluciones; de esta forma, el objetivo era integrar a la sociedad civil para empoderarla y hacerla parte en la toma de decisiones de la administración estatal.

Así, transitamos de una campaña cuya promesa fundamental fue la de enjuiciar al entonces Gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, por presuntos actos de corrupción para evolucionar a una agenda más detallada de lo que serían las principales banderas de gobierno de la mancuerna Rodríguez-Elizondo en las que destacaba el impulso a la ley de participación ciudadana, la revocación de mandato, fomentar la transparencia y la rendición de cuentas para tener un gobierno eficiente, eficaz y austero.

Han pasado más de doce meses desde que se firmó la “Alianza por la Grandeza de Nuevo León” y hasta el momento, hay una percepción generalizada de que la actual administración no ha hecho lo suficiente para lograr los objetivos de lo que podría ser una importante transición política a nivel estatal.

Hace pocas semanas y de acuerdo con una encuesta realizado por Focus Consulting Group y publicado en las paginas de El Financiero; al preguntar a los encuestados, en una sola palabra ¿cómo definen el gobierno de “El Bronco”? el 21 por ciento respondió que decepcionante, un 17 por ciento como inteligente y un 16 por ciento agresivo.

El análisis de esta encuesta refleja que, en la percepción de los ciudadanos para un 34 por ciento de los encuestados el tener un gobernador independiente no ha marcado una diferencia, ya que “todo sigue igual” y además para un 27 por ciento ha sido “para mal”.

Sobra decir que esta creciente percepción ha estado acompañada por un incremento en los índices de inseguridad en el estado, el motín del penal de Topo Chico y por errores en las compras realizadas por la administración estatal que dejan entrever a la corrupción como uno de los grandes males que afectan no solo a los políticos, a sus partidos sino también, a los independientes en funciones de gobierno.

Es preocupante que la administración estatal no comprenda que existen las condiciones para que pierda la capacidad de gestionar demandas, generar soluciones y gobernabilidad en la entidad. Y peor aún es publicitar, ventilar y armar un expediente contra el ex Gobernador Rodrigo Medina para venderlo como la gran acción del gobierno y constatar que hasta el momento ni siquiera ha podido ser llevado a declarar ante un juez.

Manlio Fabio Beltrones señaló que “el poder desgasta y desgasta el no poder”. Hasta ahora, el gran problema de Rodríguez Calderón es que no ha decidido que desgaste prefiere: por ejercer un gobierno que cumpla sus metas o por dejar de hacer su tarea y perder el voto de confianza de los ciudadanos.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.