La endogeneidad en el proceso de crecimiento económico
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La endogeneidad en el proceso de crecimiento económico

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La endogeneidad en el proceso de crecimiento económico

Los primeros modelos formales que vinculaban matemáticamente las razones del desarrollo y crecimiento económico permitían explicar este último en función de la capacidad de acumular capital de una economía y de acuerdo a la tecnología del mismo.

Opinión MTY UANL Jorge O. Moreno
12/10/2018
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Jorge O. Moreno.Fuente: Cortesía

Los indicadores de crecimiento en la producción de mercancías y servicios, y sus implicaciones en el desarrollo económico de un país, han sido bandera del éxito (o fracaso) de quienes a través de la intervención gubernamental prometen la búsqueda de la prosperidad, con políticas públicas diseñadas para garantizar los mejores niveles de bienestar en el largo plazo.

Los primeros modelos formales que vinculaban matemáticamente las razones del desarrollo y crecimiento económico (por ejemplo, el desarrollado por el economista Robert Solow, Premio Nobel en 1987) permitían explicar este último en función de la capacidad de acumular capital de una economía y de acuerdo a la tecnología del mismo. De esta forma, la inversión progresiva permitía alcanzar, dadas las tasas de ahorro de la sociedad, un nivel de acumulación de capital en cuyo equilibrio de largo plazo la nueva inversión reemplaza al capital depreciado a perpetuidad, pero a una tasa de crecimiento agregado real cero.

Si bien estos modelos eran relativamente sencillos de interpretar, e incluso tenían prescripciones de política pública fáciles de asimilar (por ejemplo, la existencia de una “tasa de ahorro óptima” que maximizaba el crecimiento) todos ellos eran incapaces de explicar de manera consistente las razones del porqué economías desarrolladas y con enormes acervos de capital, como Estados Unidos, Inglaterra o Alemania, podían continuar creciendo, aún a tasas aceleradas, por largos períodos, siendo que lo que debería observarse es una natural desaceleración conforme se acercan a su “estado estacionario”.

En esto radican las principales contribuciones de los dos recientes galardonados Premios Nobel en Economía 2018, Paul Romer y William Nordhaus, quienes, al integrar diferentes incentivos a la innovación tecnológica y los costos del deterioro en el medio ambiente, permitieron tener una mejor interpretación de los procesos que aceleran y promueven (o limitan y destruyen) el patrón de crecimiento de un país.

Paul Romer, profesor de economía en New York University (NYU), desde muy temprano en su carrera profesional, desarrolló una serie de artículos en los que identificó el cambio tecnológico, principal motor de crecimiento en los modelos clásicos, como una consecuencia de una acción promovida y coordinada tanto en el campo de la investigación como del desarrollo. A esta línea de trabajo se le denominaría “modelos de crecimiento endógeno”, en donde a través de este enfoque se podría explicar el progreso tecnológico como la consecuencia de una decisión de la inversión realizada por la misma economía, y no como una acción fortuita o consecuencia exógena asociada a factores tecnológicos no explicados en un sistema económico.

Por otra parte, William Nordhaus, profesor de economía en Yale University, fue reconocido junto con Romer, por introducir el análisis económico para cuantificar los costos del daño ocasionado por el cambio climático, redefiniendo los verdaderos alcances del crecimiento y desarrollo económico una vez que se contemplan éstos en una métrica de bienestar social agregada. En particular, bajo este esquema, los rendimientos a escala que rigen la acumulación del bienestar son insuficientes para garantizar el bienestar en el largo plazo en un sistema económico, si éste último no tiene los mecanismos para gestionar sus recursos naturales, los cuales son necesarios en sectores productivos primarios, y pudiendo crear efectos catastróficos como el calentamiento global.

De la mano del trabajo de estos recientes galardonados, preguntas relevantes en la política pública para el país como la potencial construcción de nuevas refinerías en estados altamente rezagados con la finalidad de acelerar su crecimiento, o la reforestación de la selva con la finalidad de recuperar los estándares de calidad ambiental perdidos en décadas pasadas, cobran nuevas dimensiones, pues de manera natural surgen preguntas sobre si existen los mecanismos necesarios para garantizar que estas inversiones puedan traducirse en verdaderas herramientas autosustentables de desarrollo de largo plazo para cada región, y no en gasto público cuyo efecto pasajero sea insuficiente para garantizar la recuperación del enorme costo original de inversión.

En otras palabras, la identificación de los mecanismos que permiten “endogeneizar” el crecimiento de una región o zona de México, cobra nueva vigencia en el diseño de la política pública actual, de la mano de quienes habrán de regir las finanzas públicas, pues éstos primeros deberán ser factores a considerar para discriminar entre la rentabilidad de un proyecto en función de sus impactos de largo plazo.

Doctorado en Economía en la Universidad de Chicago. Es Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-CONACYT Nivel 1.

Opine usted: jorge.o.moreno@gmail.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.