Monterrey

La Empresa Familiar y “la Polaca”

Opinión. Mientras trabajen en la empresa familiar o sean directores, los miembros de la familia limiten lo más que puedan su participación en cargos públicos.
EMPRESAS FAMILIARES

ROSA NELLY TREVINYO-RODRÍGUEZ
rosanelly@trevinyorodriguez.com
16 noviembre 2016 9:55 Última actualización 16 noviembre 2016 9:57
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

La empresa familiar y la política son, sin duda alguna, dos mundos diferentes. Y es que, aunque técnicamente ambas deben velar por el bienestar de sus “stakeholders” —grupos de interés—, sus formas de operar y tomar decisiones pueden ser diametralmente opuestas.

No obstante, hay ocasiones en que a algunos miembros de la familia empresaria les gusta, y le entienden “a la polaca”, y si a esto añadimos que suelen ser conocidos en la comunidad, pues terminan recibiendo invitaciones para participar en cargos públicos. Ejemplos hay muchos. Desde nuestro Secretario de Economía y Trabajo, pasando por el alcalde de San Pedro, hasta llegar a Donald Trump.

Y, aunque la luz de los reflectores es halagadora y el poder público se
puede utilizar para servir y transformar la realidad en que vivimos; al momento de elegir, los miembros de familias empresarias deben estar
conscientes de lo siguiente:

Número 1: Al que a dos amos sirve, con uno queda mal.
Y es que, como no seas un empresario de esos que hacen“negociazos”
mientras están en el servicio público— lo que implica caer en conflictos
de interés, corruptelas y prácticas profesionales dudosas—; lo que normalmente sucede, es que por cuidar una cosa, descuidas la otra.

Por ello cuando no existe un buen reemplazo—alguien que pueda tomar las riendas del negocio con un drive similar al de nosotros mientras estamos ejerciendo como servidores públicos—, la empresa
familiar se estancará
(en el mejor de los casos). Los economistas dicen que “no hay lonche gratis” y tienen razón, al final tomar una decisión implica algún costo: persona o empresarial.

Número 2: Cuidado con poner en riesgo la reputación de la empresa.
Las empresas familiares exitosas han invertido, al menos, una o dos
generaciones construyendo “confianza”— confianza en su proceder, en la calidad de sus productos, en la relación con sus empleados y clientes, en la práctica de sus valores.

Y, al momento de aceptar un puesto público, los buenos políticos saben
que se verán expuestos: a calumnias, investigaciones, trampas en las
que pueden caer, tentaciones, e incluso “sugerencias” amablemente hechas. En consecuencia, deben tener claro que su actuar y posición política pueden afectar directa o indirectamente la reputación de su negocio.

Número 3: Cuidado con poner en riesgo a la familia.
Para nadie es un descubrimiento el hecho de que ser empresario y político es estar en la mira, de muchos. Por lo mismo, hay que cuidar la seguridad de nuestra familia.

Y no me refiero solamente a la integridad física, sino también moral. Y es que, podemos tener montón de guaruras que cuiden nuestra integridad física; pero, ¿quién cuidará a nuestros hijos o nietos de que no terminen “peleando batallas de que no son de ellos”?

En Conclusión:
Por esto, y con la intención de proteger los intereses de la empresa y
de la familia, se sugiere que, mientras trabajen en la empresa familiar
o sean directores, los miembros de la familia limiten lo más que puedan su participación en cargos públicos.

Ahora que, si realmente les apasiona la política y desean servir a la comunidad, ¡adelante! En estos casos, lo mejor es separarse de la operación del negocio al aceptar el cargo público. Al final de cuentas, la empresa familiar es un legado y no queremos meterla en problemas, ¿o sí?

* La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.