Monterrey

La ecuación oculta en el arte de la inversión

OPINIÓN. No hay evidencia más tangible de la pasión que imprime un individuo a su misión que la impaciencia, ese empeño por ver materializado nuestro sueño.
COLUMNISTA
INVITADO

CARLOS
E.ROUSSEAU
10 junio 2016 10:31 Última actualización 10 junio 2016 10:51
Carlos E. Rousseau

Carlos E. Rousseau

“Believe in your potential even if you haven’t seen the results”. Gaby Natale.

Es curioso como en el proceso que conlleva determinar el valor de una inversión se pueden encontrar muchas similitudes con las vivencias de aquellas personas determinadas a alcanzar el éxito.

Si algo hay en común entre estos individuos dispuestos a retar el status quo y cualquier persona que evalúe la posibilidad de invertir, son las emociones por los que ambos atraviesan.

La ambición es ese combustible que empuja a un individuo convencional a buscar más, transgredir sus propios límites y encaminarse hacia el éxito. El detonante del inversionista en este caso es el flujo de efectivo, y su clara preferencia por lograr el mayor flujo en los periodos de inversión.

El miedo es aquel enemigo y aliado que nos pone cara a cara con la incertidumbre y nos incita a desafiarlo para descubrir nuestro verdadero potencial y lo que realmente somos capaces de lograr.

En el mundo de las inversiones, descargamos el miedo en la tasa de descuento que empleamos en nuestras proyecciones, buscando eliminar este sentimiento negativo que nos provoca la incertidumbre de una inversión. Buscamos a toda costa disminuir el riesgo según lo que estemos dispuestos a asumir.

Finalmente, no hay evidencia más tangible de la pasión que imprime un individuo a su misión que la impaciencia, ese empeño por ver materializado nuestro sueño. En una inversión se esperan resultados en el menor tiempo posible, ya que entre más rápido se realicen nuestros resultados esperados, mayor será nuestro rendimiento.

En resumen, todas estas incógnitas de la ecuación son aquellas emociones que correctamente alineadas hacia un objetivo, se vuelven motores que convierten a un individuo ordinario en uno exitoso, considerando que a final de cuentas, todo en esta vida es una inversión.

* El autor es socio fundador y CEO de Orange Investments.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.