Monterrey

La economía comienza a desacelerarse

OPINIÓN. La última cifra de confianza al consumidor
cayó 1.8 por ciento en julio (ajustado por estacionalidad), la disminución más fuerte desde abril del año pasado.
VISIÓN
ECONÓMICA

JESÚS GARZA

jgarzagg@gmail.com
25 agosto 2016 10:46 Última actualización 25 agosto 2016 10:54
Jesús Garza

Jesús Garza

El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) publicó esta semana la cifra del Producto Interno Bruto (PIB)
del segundo trimestre del año. El PIB se expandió en 2.5 por ciento
anual, por encima del pronóstico adelantado por la misma institución,
de 2.4 por ciento. Sin embargo, la economía muestra signos
de debilidad si observamos sus componentes y tendencias. La
construcción comienza a perder dinamismo a raíz de los recortes al
gasto público, la industria no termina de repuntar (destacando 2
años consecutivos de contracción en la producción de crudo) y el
sector servicios muestra un menor ritmo de crecimiento.

Analizando las cifras ajustadas por estacionalidad, el PIB se contrajo 0.2 por ciento comparado con el primer trimestre del año (la primera caída desde el segundo trimestre de 2013).

Destacando la fuerte contracción de la industria, la cual cayó en 1.5 por
ciento en su comparación trimestral.

Al interior de la industria se reporta el persistente declive del sector
minero (que incluye la producción petrolera), disminuyendo en 3.1 por
ciento, la caída del sector manufacturero en 0.1 por ciento y de la construcción en 1.1 por ciento.

Por otro lado, el sector servicios, que ha sido el principal motor de la
economía mexicana comienza a perder dinamismo. Dicho sector creció
0.1 por ciento en su comparación trimestral (con cifras ajustadas por
estacionalidad), el crecimiento más pobre desde el cuarto trimestre de
2013. Hacia adelante las perspectivas son menos alentadoras, analicemos por qué.

Los recortes al gasto público que anunció el gobierno federal comienzan
a impactar la construcción e inversión en obras de infraestructura,
tendencia que continuará hacia adelante.

La falta de inversión de Pemex para extraer crudo seguirá por el mismo
motivo, y la producción petrolera adicional a raíz de las inversiones privadas relacionadas a la Ronda Uno se comenzarán a observar apenas en un par de años.

El sector manufacturero, particularmente el relacionado a bienes
intermedios, continuará estancado debido a una menor demanda por
parte de los Estados Unidos. La fuerte apreciación del dólar ha encarecido las exportaciones de ese país aunado a una menor demanda global.

Recordemos que los bienes intermedios mexicanos están muy ligados a
la producción industrial estadounidense.

Por último, el sector servicios que ha sido el motor de la economía hasta ahora comienza a perder dinamismo.

La sólida expansión del consumo privado, reflejado en una mayor demanda interna, parece estar perdiendo fuerza. La inflación empieza a acelerarse disminuyendo el ingreso disponible de las familias. En julio registró una variación anual de 2.7 por ciento, con una clara tendencia al alza (el traspaso hacia los precios por la desvalorización de la moneda es más evidente).

El crecimiento del empleo formal, según cifras del Instituto Mexicano
del Seguro Social (IMSS)
, creció a una tasa promedio anual de 3.7
por ciento, por debajo de 4.5 por ciento en el mismo periodo del año
anterior. Adicionalmente, la última cifra de confianza al consumidor
cayó 1.8 por ciento en julio (ajustado por estacionalidad), la disminución
más fuerte desde abril del año pasado.

Así, la economía comienza a desacelerarse.

Esperemos ajustes en los pronósticos de crecimiento hacia la baja ante el deterioro de las perspectivas de crecimiento. Muestra de lo anterior, recientemente la Secretaría de Hacienda y Crédito Público
(SHCP)
redujo su estimado de crecimiento a un rango de 2 - 2.6 por ciento desde 2.2 – 3.2 por ciento para este año.

* El autor es consultor económico y académico, tiene un doctorado en Finanzas y maestría en Economía Financiera por la Universidad de Essex en el Reino Unido, y una Licenciatura en Economía por el ITESM (campus Monterrey).

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.
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