La economía ambiental en la ZMM
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La economía ambiental en la ZMM

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La economía ambiental en la ZMM

La Ciudad de México fue relegada al segundo lugar entre las ciudades más contaminadas del país, la ZMM, aún con sus municipios ricos, es una digna sucesora de tan penoso título.

Opinión MTY tecnológico de monterrey Eduardo Carbajal
03/09/2018
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Eduardo Carbajal Fuente: Cortesía

La Zona Metropolitana de Monterrey (ZMM) es una de las regiones más estratégicas para el país por su importancia industrial y económica. Los municipios que la conforman incluyen a tres de los más altos en cuanto a ingreso per cápita (Monterrey, San Pedro Garza García y Guadalupe) y también en calidad de vida, medida por el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas.

Sin embargo, la capacidad productiva y el poder económico de estos municipios no reflejan los problemas que se presentan en temas ambientales dentro de la ZMM. Si bien es sabido que ahora la Ciudad de México fue relegada al segundo lugar entre las ciudades más contaminadas del país, la ZMM, aún con sus municipios ricos, es una digna sucesora de tan penoso título.

La contaminación del aire es uno de los problemas ambientales más críticos que presenta la ZMM desde hace algún tiempo y hasta el día de hoy, no hay claridad sobre una estrategia o política pública encaminada a la mitigación de este problema. De acuerdo con el Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire del Tecnológico de Monterrey, el 80 por ciento de la contaminación del aire proviene de la actividad industrial y de fuentes móviles (léase automóviles, transporte de carga y autobuses), 15 por ciento lo aportan las pedreras y el 5 por ciento restante es la suma de otras fuentes.

El principal problema de la contaminación en esta área metropolitana no es el ozono, como en la Ciudad de México, sino las partículas en suspensión denominadas PM10 y PM2.5. Estas partículas, que se componen de residuos de carbono, azufre y metales pesados, son tan pequeñas que se convierten en el principal riesgo para la salud que tenemos quienes vivimos aquí.

En términos económicos, la contaminación del aire representa una externalidad negativa porque los precios de los bienes y servicios que se producen y se consumen en la ZMM, no toman en cuenta los impactos al medio ambiente.

Pero ¿De qué precios hablamos? Uno de los principales efectos de la contaminación del aire se refleja en el aumento de las enfermedades pulmonares, respiratorias, cardiovasculares y cerebrales. Por lo tanto, el efecto económico inmediato de la contaminación se refleja en el aumento de los gastos médicos y de hospitalización que enfrenta la población de la ZMM.

Y los efectos económicos de los problemas de salud derivados de la contaminación ambiental, también se reflejan y se calculan en la productividad laboral. Las personas enfermas tienen una productividad menor que la de las personas sanas, haciendo que las empresas que los contratan, incurran en gastos adicionales por sustituirlos y por la pérdida de la capacidad productiva.

Y no sólo los empresarios tendrían que enfrentar estos costos. También las instituciones del sistema de salud (IMSS, ISSSTE, etc.), incurrirían en un aumento en el costo de tratamiento de estas enfermedades derivadas de la contaminación ambiental, que probablemente no estén dentro de sus presupuestos anuales.

No pretendo ser alarmista pero un estudio realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en 2016, decía que el costo de la contaminación ambiental en el mundo, de continuar con las tendencias actuales, sería de 2.6 billones de dólares anuales para el 2050. El número de muertes prematuras por efectos de la contaminación del aire, también para ese año, se estima que será de 10 millones de personas.

Yo creo firmemente en que estamos a tiempo para darle una solución económica este grave problema ambiental y podríamos comenzar por la ZMM. Una de las soluciones más obvias para internalizar esta externalidad negativa sería que, ya que conocemos que los que más contaminan son las actividades industriales y los autos, estos compensen a los afectados con un subsidio para disminuir los gastos médicos en que incurra la población más afectada. Otra solución sería que las empresas con mayores niveles de contaminación compensen a la sociedad, mediante impuestos verdes, que sirvan para adquirir tecnología y pagar las investigaciones y el desarrollo de patentes para reducir los efectos nocivos de la contaminación ambiental. Creo que nuestros políticos podrían empezar a preocuparse en diseñar e implementar políticas públicas en este tema y hacer cumplir las leyes o reglamentos que de ahí emanen.

Y por último, pero no menos importante, los habitantes de esta área metropolitana podríamos empezar a hacer el gran esfuerzo de modificar nuestros hábitos de consumo de bienes y servicios que aumenten la contaminación del aire. Creo que aún estamos a tiempo de resolver este grave problema.

El autor es economista y profesor de Finanzas y Economía de la Escuela de Negocios del Campus Monterrey.

Opine usted: edcarbaj@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.