Monterrey

La dolarización de la economía, una opción a estudiar

Opinión.  El tipo de cambio representa nuestra capacidad de consumo en el extranjero.
COMENTARIO ECONÓMICO

MARCO A. PÉREZ VALTIER
mperezv@perezgongora.com
28 septiembre 2016 10:42 Última actualización 28 septiembre 2016 10:46
Marco A. Pérez Valtier

Marco A. Pérez Valtier

Sin duda, el tema es bastante polémico, y seguramente habrá algunos lectores sumamente nacionalistas que se rasguen las vestiduras con solo leer el título de la nota, sin embargo, pienso que ante los acontecimientos que estamos viviendo, particularmente la total incapacidad que han mostrado nuestras autoridades monetarias para detener y revertir los ataques especulativos contra nuestra moneda, la opción de adoptar el dólar norteamericano como moneda de curso legal
en México, debe ser seriamente analizada y evaluada, ya que no solo
terminaría de una vez por todas con los episodios devaluatorios, sino que también ayudaría a consolidar la baja tasa de inflación que actualmente tenemos y a mantener también unas tasas de interés muy reducidas.

Si volteamos hacia Europa, podemos corroborar que la adopción del
Euro como moneda única, se instrumentó sin problemática alguna para
los Países que optaron por dejar de lado sus monedas, para incorporarse al Euro, como fue el caso de España y su Peseta, Francia con su Franco, e Italia con su Lira, por mencionar algunos, sin que hubiera desajustes o problemas como consecuencia del cambio de moneda, ya que técnicamente solo cambia la unidad de cuenta, dejando sin afectar los fundamentos del sistema de pagos.

Obviamente, que el país pierde su autonomía monetaria y su “señoreaje” de imprimir más papel moneda, pero en cambio obtiene una participación en la nueva emisión de moneda y una estabilidad monetaria superior a la que tenía con su moneda propia.

Si consideramos que el mandato Constitucional del Banco de México es el de preservar el poder adquisitivo de la moneda, esto debe entenderse no solamente como controlar la inflación interna, sino también como mantener un tipo de cambio de equilibrio, de conformidad con la teoría del poder adquisitivo de las monedas, ya que el tipo de cambio representa nuestra capacidad de consumo en el extranjero.

Es decir, si el Banco de México es incapaz de detener y de revertir este
proceso devaluatorio, falta a su mandato constitucional porque nuestro
poder adquisitivo en el exterior, se deteriora con la devaluación y se
debe exigir su cese de operaciones.

Es importante señalar que a partir de finales de agosto, ya no es válida
la premisa de que la revaluación del dólar era generalizada, y que no
solo afectaba al peso mexicano, sino a prácticamente todas las divisas del mundo, pues en días recientes, es el Peso la moneda que casi exclusivamente se está devaluando contra el dólar, lo que refleja una deliberada especulación tendiente a impactar a nuestra moneda, situación que aún y cuando está perfectamente identificada, no ha sido controlada ni anulada por nuestras autoridades monetarias.

De poco o nada nos están sirviendo los más de 150 mil millones de dólares que aún tenemos en reservas internacionales, más los 65 mil millones de dólares de la línea de crédito flexible que nos otorga el Fondo Monetario Internacional, ya que todo ese dinero no se pone en la cancha a jugar y no ayuda a detener la especulación cambiaria.

Si México solicita a los Estados Unidos incorporarse al dólar, lo que pasaría es que todos nuestros precios se pasarían a dólares, e incluso se podría aprovechar la oportunidad para “revertir” parte o toda la devaluación que ha ido más allá del diferencial en poder adquisitivo, y por ejemplo, se podría decretar dividir los precios actuales entre 13, 14 o 15 para pasarlos a dólares y así iniciar una nueva etapa en nuestra economía.

Los pesos serían desmonetizados paulatinamente, pero internamente,
se tomarían a la paridad determinada para instrumentar el cambio de divisa, es decir, coexistirían por un tiempo las dos monedas, lo que ocasionaría una demanda inmediata por pesos por parte de quienes tienen dólares, lo que haría converger la paridad a la ya fijada para instrumentar el cambio.

Ganaríamos no solo estabilidad cambiaria, (ya que no habría más
devaluaciones), sino también estabilidad y reducción en las tasas de interés, y se consolidaría una inflación reducida, lo que sin duda abonaría al crecimiento económico.

Como se puede apreciar, está tentadora la idea.

* El autor es especialista en estudios económicos y de finanzas públicas. Actualmente ocupa el cargo de Socio Economía en Pérez Góngora y Asociados.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.