Monterrey

La cultura de la legalidad tiene precio

Opinión. Pero no solo es un tema puramente moral, los inversionistas internacionales, están incluyendo esta mentalidad de la ilegalidad en el precio tanto de las divisas como en la tasa de interés que demandan.
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MIGUEL MORENO TRIPP
​morenotrip@gmail.com.mx
17 octubre 2016 10:16 Última actualización 17 octubre 2016 10:18
Miguel Moreno Tripp

Miguel Moreno Tripp

Por más increíble que parezca el eterno candidato que está en eterna campaña se pone a defender a ladrones que lo más probable es que sean parte del crimen organizado. Descarrilar trenes para robar el contenido, sin ser uno un especialista en la materia, mucho menos
policía o investigador privado, ¿no suena como que es un delito? No es la primera vez que lo hace. En Tabasco corre la voz de como incita al “pueblo” a no pagar la energía eléctrica.

No es que se trate de “pobres campesinos”, hasta las tiendas de la esquina que hacen negocio al tener sus productos refrigerados, tampoco pagan luz. En días pasados, en El Financiero, la columna
de Raymundo Riva Palacio nos da cuenta de las líneas que guarda el
eterno con la ilegalidad.

Esto lo convierte en parte de lo mismo que él dice combatir, pero considera que trata con retrasados mentales que no nos damos cuenta y que nos creemos todo lo que él dice. Porque él lo dice.

Le recuerdo que, de estar induciendo a otras personas a cometer
delitos, el Diccionario Jurídico Mexicano (1994), de la SCJN indica que “se entiende que la inducción consiste en determinar a otro a la realización de un hecho antijurídico, y se la utiliza como sinónimo de instigación. Antes se solía hacer referencia a la instigación con la denominación de “autoría intelectual”.

Sin embargo, también reflexionemos si no caemos en la hipocresía al estar demandando respeto a la ley y nosotros no cumplir. Hay escalas ciertamente y tampoco se trata de que hasta que uno no sea impoluto no pueda tirar la primera piedra. Se trata de vivir civilizadamente.

Pero no solo es un tema puramente moral, los inversionistas internacionales, están incluyendo esta mentalidad de la ilegalidad en el precio tanto de las divisas como en la tasa de interés que demandan.

Hay dos maneras de medirlo, a través de lo que se conocía como el EMBI (Emerging Market Bond Index) que no es más que el diferencial entre los rendimientos de una canasta de bonos de un país contra una canasta de similares características de bonos americanos.

Otra manera de medirlo es a través de los que se conoce como los Credit Default Swaps que es el costo de asegurar un crédito que cayera en incumplimiento.

En este caso, un crédito de México como país. Para tener una idea,
el rango va desde 37 BP para 6 meses hasta 215 BP para 10 años.

Ese numerito está poniéndole precio, entre otras cosas, a la cultura de la legalidad.

Eso nos cuesta a todos porque tanto el país como las empresas se podrían fondear con tasas más baratas. Recursos que se deberían destinar al combate a la pobreza, acaban compensando el riesgo que corren los inversionistas. No piense en términos de magnates, los inversionistas institucionales son los principales actores y están velando por sus clientes.

Si tiene AFORE, muy probablemente seamos nosotros mismos los que estamos del otro lado de la mesa.

Un verdadero líder no puede darse el lujo de solapar o inclusive fomentar lo ilegal, lo indebido. Debiera sacar lo bueno que hay en los demás sin protagonismos. 

La obsesión por el poder nubla la mente.

No se vale llevarse entre las patas al país. 

* El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su
Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcionar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.