Juventud y democracia en México
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Juventud y democracia en México

Ojalá que los jóvenes de Nuevo León y de México disfruten en el mediano y largo plazo de las oportunidades de desarrollo económico y social que tanto se les ha negado.

Opinión MTY
11/09/2018
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Sergio López Ramos.Fuente: Cortesía

Las escenas de una estudiante protegiendo a su novio de la violencia física de los porros en las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México son una reminiscencia diaria de la deuda que tiene el estado mexicano con los jóvenes.

Hace 50 años cientos de estudiantes universitarios en Tlatelolco, los hijos rebeldes de las clases medias urbanas mexicanas, fueron asesinados por un estado autoritario que no alcanzó a comprender la magnitud de sus acciones. Pero el derramamiento de sangre no se detuvo allí. Lejos de generar oportunidades para los jóvenes, el régimen de partido único las acotó, y siguió utilizando el ejercicio de la violencia física. Allí están las víctimas del Halconazo y de la guerra sucia contra cientos de jóvenes que organizaron en Chihuahua, Guerrero y Nuevo León movimientos guerrilleros que buscaban generar alternativas socialistas y revolucionarias.

Pero no solo el régimen de partido único le dio la espalda a los jóvenes mexicanos. La guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón hizo efectivo el slogan del Partido Acción Nacional que decía “para que las drogas no lleguen a tus hijos” de forma inimaginable. No podemos olvidar a las víctimas de las Villas de Salvárcar en Chihuahua, ni las 193 personas que fueron masacradas en San Fernando, Tamaulipas. En Nuevo León, sufrimos los asesinatos de Javier Francisco Arredondo Verdugo y Jorge Antonio Mercado Alonso en las instalaciones del Tecnológico de Monterrey. De la noche a la mañana, pasaron de ser sicarios armados hasta los dientes a estudiantes de excelencia.

La segunda alternancia en el poder liderada por el Partido Revolucionario Institucional llegó con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y la propagación de los feminicidios por todo el territorio nacional.

A 30 años de haber iniciado el proceso de transición a la democracia en nuestro país y de acuerdo con cifras de la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación del 2014, 17.5 millones de jóvenes vivían en situación de pobreza, de los cuales 13.9 millones viven en pobreza moderada y 3.6 millones en pobreza extrema.

Esta situación de precariedad y la falta de oportunidades que faciliten la movilidad social, generan condiciones extremas en las que los jóvenes encuentran el camino corto para tener acceso a recursos económicos mediante su participación en actividades delictivas como el narcotráfico, así muchos jóvenes afirman “prefiero vivir tres años como rey, a treinta como wey.”

La cuarta transformación que lidera Andrés Manuel López Obrador y el Movimiento de Regeneración Nacional tienen como una de sus tareas más importantes brindarle a la juventud oportunidades de desarrollo económico y social, pero sobre todo, contribuir a terminar con la serie de prejuicios y paradigmas que existen contra los jóvenes.

Hay que recordar el rechazo y el prejuicio del que fue víctima Pedro Carrizales Becerra, diputado local electo del Congreso del Estado de San Luis Potosí. Lejos de presentar una imagen de político tradicional, Carrizales lleva tatuajes, fue chavo banda y estuvo en la cárcel. Su elección y las críticas que recibió ponen al descubierto una sociedad llena de prejuicios por su apariencia y dejan a un lado la historia de superación personal que Carrizales Becerra nos comparte.

Ojalá que los jóvenes de Nuevo León y de México disfruten en el mediano y largo plazo de las oportunidades de desarrollo económico y social que tanto se les ha negado. Hay que darle un futuro sostenible a nuestros jóvenes.

El autor es Politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Entrada libre Sergio López Ramos Opine usted: slramos2020@ gmail.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.