Monterrey

Juntas 775

OPINIÓN. Efectivamente, usted puede “convocar” a sus subordinados a junta y estos deben obedecerlo. Esto no significa que usted esté maximizando el valor de la empresa.
OPINIÓN ACADÉMICA
​Homero Zambrano
22 mayo 2017 9:43 Última actualización 22 mayo 2017 9:44
Homero Zambrano

Homero Zambrano, profesor del departamento Académico de Contabilidad y Finanzas del Campus Monterrey.

Estimado Lector, usted en su posición como directivo, dueño de empresa o mando medio, muy seguramente convoca a juntas. Pero comencemos por donde se debe. Nuestra razón de ser en una organización es incrementar el valor de la misma, sea cual sea nuestra función en la organización. Esto sobre los supuestos de racionalidad prevalentes en la teoría económica, o en otras palabras, suponiendo que usted no necesita psicoterapia.

Claro, usted como dueño o jefe, sabe que el que paga, manda.

Efectivamente, usted puede “convocar” a sus subordinados a junta y estos deben obedecerlo. Esto no significa que usted esté maximizando el valor de la empresa. Si las juntas no tienen un propósito claro, un objetivo definido, usted va a estar pagando por el placer que a usted le produce convocar a junta, tal como lo hace un jeque árabe que manda cubrir su automóvil en oro. Dese cuenta de que esa demostración de “poder” va en detrimento de su empresa. Piense: ¿paga usted para que la gente trabaje o para que lo escuche? Si tanta necesidad tiene usted de hablar, mejor métase de predicador.

Pocas cosas hay con menos valor que una “junta informativa”.

¿Realmente ignora usted la multitud de medios de comunicación que tenemos a la mano? Si tiene algo que comunicar a subordinados, piénselo y póngalo por escrito. Si no ha organizado sus pensamientos lo suficiente para ponerlos por escrito, no debe abrir la boca, so pena de que sus empleados confirmen otra de sus limitantes como “líder”. ¿O acaso es intencional la ambigüedad? Entonces sí debe considerar ir a terapia. Pudiera estar usted dentro del grupo poblacional que está sobrerrepresentado en los mandos jerárquicos (Psychology Today, dic. 2013). Por otra parte, pudiera ser que usted tiene miedo de plasmar sus ideas por escrito, y que quede evidencia de su eventual incompetencia para poner metas y establecer planes.

Piense y desarrolle una agenda digna de llamarse así. Los temas deben ser concretos. Debe considerar metas asequibles en el tiempo designado, mismo que muy difícilmente debe siquiera acercarse a los 90 minutos. Ni se le ocurra convocar a una junta “para hablar de las ventas”, o mucho menos algo tan baladí como para “conversar”. Son comunes las juntas “de resultados”, que no son más que un escaparate para presionar a empleados en posiciones supuestamente competitivas: que si el gerente de la zona A logró mayor crecimiento en ventas que el de la zona B y sandeces por el estilo. Cada individuo debe tener sus propias metas, basadas en la idiosincrasia de su puesto, región, producto, etc. Si los comparamos en público para “exhibirlos” y “que sientan presión para trabajar”, estamos trabajando contra el mejor interés de la organización.

Use el mismo tiempo, pero repartido en sesiones individuales para retroalimentar a cada subordinado. Usted no es un faraón egipcio.

Sea puntual y pida que los asistentes sean puntuales. Recuerde que la puntualidad es para empezar y para terminar. Comience y termine la junta con claridad, que no haya dudas del tipo: “¿ya terminó?”. Conozco organizaciones donde los participantes llegan tarde a junta porque vienen de otra junta y luego se salen antes de terminar porque van a una tercera junta. Y así pasan el día. Si usted se ve reflejado en esto, deje ya su exhibicionismo de lado y entienda que hay formas más eficaces de beneficiar a la organización.

Sea concreto. Pida que las intervenciones sean concretas, concisas y apegadas a la agenda. Deje bien en claro que no es válido traer asuntos que conciernen a uno sólo.

No convoque a junta para ver cómo vamos a “lograr X”. Si según usted ya tiene la solución y sabe que la va a llevar a cabo, ignorando las opiniones de los demás, no haga junta. Simplemente va a jugar a la “democracia ficción” y a hacer un simulacro de participación que es en realidad un insulto para los subordinados, y que en el largo plazo lo paga la organización en más de una forma.

En prácticamente todos los ámbitos se llama a subirse al tren de las tecnologías de información o morir. Escuchamos sobre la amenaza de los robots para muchos empleos. Sin embargo, seguimos aferrados organizacionalmente a una costumbre tan perniciosa como vieja: las juntas o reuniones. Tenga usted el valor de preguntarse con honestidad por qué y para qué.

El autor es profesor del departamento Académico de Contabilidad y Finanzas del Campus Monterrey. Su correo electrónico es hzambranom@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.