Monterrey

Iría Estados Unidos contra el sindicalismo mexicano

OPINIÓN. En México el sindicalismo ha servido más a sus líderes que a sus agremiados, siendo una enorme fuente de enriquecimiento ilícito que ha sido tolerada y solapada por nuestras autoridades, y al igual que los partidos políticos, aún mantienen el estatus de paraíso fiscal intocable.
COMENTARIO ECONÓMICO
Marco A. Pérez Valtier
mperezv@perezgongora.com
23 agosto 2017 8:16 Última actualización 23 agosto 2017 8:16
Marco A. Pérez Valtier

Marco A. Pérez Valtier

La Oficina del Representante del Comercio en Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés), comandada por Robert E Lighthizer, un experimentado abogado en temas de comercio exterior, con más de 30 años negociando tratados internacionales (más de 24 en total) cubriendo diversos temas, desde agricultura, acero, maquinaria pesada y automotriz, hasta temas financieros y de alta tecnología, inició el pasado mes de mayo el proceso de auscultación entre la población estadounidense, donde recabaron 12 mil 460 comentarios y retroalimentaciones que sirvieron de base para las audiencias públicas del pasado 27, 28 y 29 de junio, tendientes a complementar la agenda de temas a tratar en esta re-negociación del TLC.

Es muy contrastante ver como en los Estados Unidos, sus autoridades sí toman en cuenta a sus ciudadanos y a sus legisladores para que aporten “dirección, foco y contenido a las negociaciones”, ya que aquí en nuestro país, nuestras autoridades sólo invitan a un pequeño grupo de empresarios, dizque representativo de la economía nacional, en una especie de Club de Tobi, y simulan tomar en cuenta a la población, sin informar ni pedir autorización sobre la agenda de objetivos a alcanzar.

Pues bien, leyendo el extenso contenido de los “Public Hearings” llevados a cabo por el USTR, podemos calibrar hacia donde se enfocarán las negociaciones, ya que como lo externó el propio Lighthizer en su “Opening Statement”, señalando que obviamente el TLC debe ser modernizado para incluir temas que hace 23 años ni siquiera existían, como el comercio por internet, así como áreas excluidas como la energética, pero que una vez acordada esta modernización, vendría el “trabajo duro” (Tough Work) en áreas donde el tratado le ha fallado a “Innumerables Americanos” tal y como el Presidente Trump lo ha externado.

Una participación que llama fuertemente la atención de estas audiencias públicas sostenidas a finales de junio, es la de Sandy Levin, un US Representative por el noveno distrito del estado de Michigan, donde hace hincapié en que en una ceremonia sostenida en Los Pinos, el pasado mes de julio de 2014, con motivo del anuncio de la nueva planta automotriz de la BMW en el estado de San Luis Potosí, el presidente de esa armadora alemana hizo alusión al contrato colectivo de trabajo firmado con la central obrera CTM, (sin tener aún trabajadores contratados) donde se pactaba el salario mínimo de 1.10 dólares por hora, y el máximo de 2.53 dólares por hora, niveles que ni siquiera llegaban al 50 por ciento de lo que se paga en Estados Unidos, y hacía un llamado a su representante comercial a tomar una posición enérgica con el gobierno mexicano para que se comprometiera a eliminar el sindicalismo que se les imponía a los trabajadores mexicanos, el cual hacía posible reducir salarios por debajo de su productividad.

También se señalaba que mientras la productividad de los trabajadores mexicanos en la industria automotriz se había incrementado en más de 80 por ciento, los salarios reales sólo habían crecido en menos de un 20 por ciento, lo que obviamente contribuía a hacer más rentables las operaciones en México que en los Estados Unidos, lo cual debía ser corregido.

Ciertamente que este tema y este diagnóstico invitan a la reflexión y al análisis, ya que en México el sindicalismo ha servido más a sus líderes que a sus agremiados, siendo una enorme fuente de enriquecimiento ilícito que ha sido tolerada y solapada por nuestras autoridades, y al igual que los partidos políticos, aún mantienen el estatus de paraíso fiscal intocable.

Es lugar común que los líderes sindicales sean casi vitalicios y pasen décadas al frente de sus agremiados sin que las autoridades tomen cartas en el asunto, porque a su vez son utilizados por los gobiernos en turno para generar votos “duros”, y francamente es vergonzoso que sean los extranjeros los que tengan que elaborar estos diagnósticos y propongan soluciones.

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El autor es especialista en estudios económicos y de finanzas públicas. Actualmente ocupa el cargo de Socio Economía en Pérez Góngora y Asociados.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.