Infancia en abandono y vulnerabilidad social
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Infancia en abandono y vulnerabilidad social

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Infancia en abandono y vulnerabilidad social

Al menos dos terceras partes de los niños difícilmente cuentan con un cuidador estable.

Opinión MTY TECNOLÓGICO DE MONTERREY JOSÉ SALAZAR
09/04/2018
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José Salazar.Fuente: Cortesía

El sexto principio de la Declaración de los Derechos del Niño (de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, ONU) y el preámbulo de la Convención sobre los Derechos del Niño, indican: “Para el pleno y armonioso desarrollo de la personalidad del niño, éste debe crecer en el seno de la familia, en un ambiente de amor y comprensión”.

¿Qué sucede con el desarrollo emocional del niño que no cuenta con un cuidador estable? En un estudio reciente en el que me tocó colaborar, expertos en el área de cuidado infantil, consideraron como una forma de detección del nivel de desprotección y desatención afectiva, la medición de los niveles de ira, ansiedad y depresión en el niño.

Mis compañeros especialistas en el estudio, señalan que, de acuerdo al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, cuando estas emociones no son reguladas oportunamente en la edad infantil, alcanzan índices de anormalidad, generando una distorsión en el desarrollo humano que puede desembocar en trastornos de la personalidad, en la juventud y en la adultez, condicionando la capacidad de la persona para respetar las normas sociales, ser productivos laboralmente y generar buenas relaciones interpersonales.

¿Qué tan presente es el problema entre los niños mexicanos? Cifras de la Encuesta Nacional de Niños, Niñas y Mujeres en México, 2015, permiten observar que el 69.4 por ciento de los niños vive con sus dos padres.

Por su parte, los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2016, publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, muestran que en las localidades con 2500 habitantes o más, sólo el 11.7 por ciento de los jefes de hogar reporta actividades de cuidado hacia los miembros del hogar (cuidar, atender, sin pago y de manera exclusiva a niños, ancianos, enfermos, discapacitados. Bañar, cambiar, trasladarlos, etc.), por su parte, otro 20.3 por ciento de los miembros del hogar, no jefes, también reporta este tipo de actividades.

Así, al menos dos terceras partes de los niños difícilmente cuentan con un cuidador estable. Si se considera como niños a los menores de 15 años de edad, en 2015 sumaron 32.7 millones, de los cuales alrededor de 20 millones se encontrarían sin el cuidado de sus papás o bien algún otro miembro del hogar, haciendo ver que el problema que plantea la ausencia de un cuidador estable, dedicado a atender, orientar y proteger al niño, podría estar muy extendido en México y así sus efectos.

En nuestro estudio, al aplicar pruebas estandarizadas internacionalmente y validadas para México a un grupo de poco más de 800 niños residentes en la zona metropolitana de Monterrey, casi el 90 por ciento de éstos, se situaba fuera del área de normalidad en sus niveles de ira, ansiedad y depresión, aspectos centrales de su desarrollo emocional.

El problema no parece fácil de resolver, en nuestra investigación de medición de impacto, pudimos comprobar que luego de que el niño participa, por alrededor de seis meses, en un programa de atención dirigido a normalizar su situación emocional a través de la generación de vínculos de apego seguros, el tratamiento aumenta en poco más de 30 por ciento la probabilidad de normalidad en ira y ansiedad, sin tener resultados estadísticamente concluyentes en el rasgo de depresión.

Las causas de la ausencia de los padres o de algún otro cuidador estable, durante largos períodos del día y durante los años de la primera y segunda infancia, podrían ser múltiples, yendo desde cambios en los roles de los miembros de la familia actual, pasando por la mayor dificultad de ésta para conseguir ingresos estables y suficientes para la supervivencia, hasta las condiciones de vida que crean los nuevos medios de comunicación, donde el acompañamiento físico tiende a sustituirse por el contacto virtual.

La desatención afectiva y estable al niño, no sólo se configura hoy en México, como una posible vulnerabilidad e injusticia social muy extendida, sino que, de no ser atendida por los padres de familia, en conjunto con las escuelas, el gobierno y la sociedad en general, presagia una mayor problemática venidera, en la ya de por sí frágil convivencia social en este país.

El autor es economista del Tecnológico de Monterrey, con Maestría en Economía y Doctorado en Ciencias Sociales de la UANL. Actualmente es Profesor Investigador del Departamento de Economía del Tecnológico de Monterrey, Miembro del SNI, nivel 1.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero