Monterrey

Industrias que matan

OPINIÓN. La industria petrolera ha sido una de las principales promotoras del desastre que representa el cambio climático al hacer todo lo posible por evitar que las fuentes de energía no renovable sean sustituidas por fuentes de energía menos dañinas como la energía solar o la eólica.
OPINIÓN
ACADÉMICA

TECNOLÓGICO 
DE MONTERREY

LUIS PROTT
02 mayo 2016 9:45 Última actualización 02 mayo 2016 9:51
Luis Prott

Luis Prott

Sabemos que algo malo está pasando con el mundo cuando todos los días vemos noticias sobre el cambio climático y también cuando vemos con horror cómo las mafias se apoderan de todos los rincones del planeta, controlando los recursos y las vidas de la población.

En opinión de organismos como Transparencia Internacional se estima que una de cada dos empresas en el mundo tiene ya algún tipo de nexo con el crimen organizado, y que al menos el 40% de la economía del mundo ya está en sus manos. También se dice que esa industria, a nivel mundial, genera más ingresos y ganancias que las 50 corporaciones más grandes del Fortune 500.

Eso seguramente no incluye la criminalización de la política y todos los daños que la impunidad y el crimen causan no a las personas, sino a la vida en el planeta destruyendo ecosistemas enteros bajo el pretexto de crear nuevos desarrollos turísticos.

Pero por si esto no fuera suficiente, también tenemos otras industrias globales que rivalizan con la del crimen organizado en cuanto al daño que provocan al planeta. Me refiero a la industria petrolera y a la industria bélica.

La industria petrolera ha sido una de las principales promotoras del desastre que representa el cambio climático al hacer todo lo posible por evitar que las fuentes de energía no renovable sean sustituidas por fuentes de energía menos dañinas como la energía solar o la eólica.
Sabemos que la industria petrolera está en decadencia, las reservas mundiales de petróleo, gas y carbón caen año con año y a más tardar en este siglo habrán de agotarse casi por completo.

No es difícil imaginar cómo los grandes inversionistas de esta industria quieren exprimir hasta el último centavo de ganancias. Inclusive se dice que han sido capaces de propiciar la actual caída de los precios del petróleo, sacrificándose en el corto plazo con tal de hacer desaparecer a las pequeñas compañías extractoras de gas y petróleo que con procesos de fracking les comenzaron a hacer competencia. También parece que detrás de esto está el frenar los proyectos de nuevas inversiones en energías renovables y también la investigación y desarrollo en estas nuevas tecnologías para hacerlas más eficientes y competitivas.

Con respecto a la industria bélica hay muchos aspectos que para la mayoría de nosotros pasan inadvertidos. Esta industria busca formas más eficientes y efectivas de generar ingresos. Podríamos hablar de cómo a través del tráfico ilegal de armas cada vez es más fácil que algún loco orqueste una masacre, ya sea porque un inadaptado decidió ir a una escuela o a un centro comercial matando a quien se le cruce por enfrente, o haciendo una masacre por el control de una plaza para el narcotráfico, en fin, los pretextos no faltan ni las armas tampoco. En mi opinión esto no es lo más grave en el tema de la industria de la guerra, por ejemplo el Instituto de Investigación de la Paz de Estocolmo estimó en 2011 en unos 465,770 millones de dólares los ingresos de las mayores fabricantes de armamentos del mundo, y para el 2014 en unos 1’776,000 millones de dólares.

La pregunta es si no podríamos darle un mejor destino a todos esos recursos, como por ejemplo invertir lo suficiente en el desarrollo de las tecnologías para salvar al planeta, o en vacunas e investigación médica para prevenir y enfrentar las nuevas enfermedades, recuperación de áreas ecológicas y hábitats dañados, conservación y tratamiento de agua, y claro, frenar la contaminación y el cambio climático, etc.

¿Cuánto puede durar esto? Honestamente no creo que mucho y no porque de pronto todos nos convirtamos en amantes de la paz y exijamos a los gobernantes y a las mafias del petróleo, de la guerra, y del crimen que dejen de hacer lo que están haciendo. Parece más probable que esto pronto reviente y no en un sentido figurado.

Otra alternativa que se me ocurre es que urgentemente nos comencemos a interesar sobre estos temas y a actuar primero, informando a todos los que estén a nuestro alrededor de la gravedad de la situación y moverlos a actuar para poder realmente cambiar las cosas. En otras palabras dejar de ser simples copos de nieve que nos derretimos sin dejar huella y unirnos para convertirnos en una avalancha que pueda enfrentar o todas estas mafias y darnos una oportunidad de salvar la vida en el planeta.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.