Monterrey

Industria política

OPINIÓN. Verdaderamente es una industria porque sólo producen faramallas, pero bien que cobran.
WIKI-LÍTICO
Miguel Moreno Tripp
morenotrip@ gmail.com.mx
21 agosto 2017 8:3 Última actualización 21 agosto 2017 8:3
Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

¿A qué se dedica? Y ¿cuánto gana al mes? Disculpe el atrevimiento en la preguntas y por supuesto no lo tiene que compartir con nadie, pero tenga los dos datos a la mano. No sé usted, pero yo creo que me equivoqué de profesión. Veamos porque.

El Producto Interno Bruto, medido por el tradicional método de Inversión, Gasto de Gobierno, Consumo y Exportaciones menos Importaciones nos dice que al cierre del 2016, a Precios Corrientes, dicho monto fue de 15,012,430 millones de pesos de acuerdo a cifras del INEGI. Si hacemos el análisis por sector, la Industria Manufacturera se lleva las palmas con el 16.25 por ciento, es decir, 2,439,684 millones de pesos; le sigue muy de cerca el Comercio al por mayor y al por menor, con el 16 por ciento del PIB. Los Servicios Inmobiliarios y Alquiler de Bienes Muebles aporta el 11.47 por ciento y la Construcción el 7.55 por ciento. Por el lado del Gasto Público, al cierre del mismo año, éste fue de 5,347,755 de pesos o lo que es lo mismo que el 35.62 por ciento del PIB.

Imagínese dedicarse a una actividad que le reditúe -al que menos y al mes- unos 35 millones de pesos ; al que más, casi 141 millones de pesos mensuales y al que se dice que no se le mancha el plumaje, cobra un poco más de 54 millones de pesos al mes (si a mi se me manchara mi plumaje, con el 10 por ciento de esa cantidad claro que me alcanza para lavadoras).

Si sumamos a todos los actores (descripción acertada con todo respeto a los actores que sí se reconocen como tales) de ese sector económico de la actividad productiva (nunca se pudo describir de peor manera a este sector) cobran -que no aportan- al año, la friolera de 6,778,000,000 de pesos. Son solo 9 “institutos” como se denominan entre ellos para darse un aire de credibilidad.

Probablemente ya lo adivinó y se trata de los partidos políticos. Seis mil setecientos setenta y ocho millones de pesos al año. Si bien representa el 0.05 por ciento del PIB, el monto absoluto es demasiado. Basta decirle que una presidenta de un partido, hasta depa en Miami de a millón de dólares tiene. Ahí, modestamente. ¿Se acuerda del famoso “quien no tiene una propiedad en Estados Unidos”? Como olvidarlo.

Verdaderamente es una industria porque sólo producen faramallas, pero bien que cobran. México se acabó en el socavón de Cuernavaca, pero afortunadamente sobrevivió a la caída de una trabe del segundo piso del periférico del ExDF. Yo no meto las manos al fuego por nadie, pero de acuerdo a los dichos de testigos protegidos que pueden decir lo que sea a cambio de una reducción de condena, Obredecht le apostó a que un funcionario de campaña se volvería Director de PEMEX y le adelantó dinero. No, pues que buena visión. Claro que, si se liga a los varios y varias morenistas con el crimen organizado, entonces viene lo del plumaje con teflón. El del otro partido es corruptísimo, yo solo soy el humilde salvador de México. Sí, como no.

Eso es lo que dicha industria “produce”: puros dimes y diretes que buscan quemar al de enfrente y no aportan nada. “Defienden los derechos políticos de los Mexicanos”, ya los oigo decir, ofendidos por habérseles señalado. ¿No le parece que es muchísimo dinero a cambio de, básicamente…qué? No, prefiero ganarme el pan con trabajo que cobrar por no hacer nada.

Agradezco el apoyo de Rolando Cantú, Alejandra Muñoz y Fátima Pérez.

El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcionar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.