Monterrey

Imaginemos

OPINIÓN. Nuestras democracias representativas se han convertido en mecanismos que permiten la rotación de élites políticas y económicas para utilizar los instrumentos del Estado a favor de una agenda determinada por poderes fácticos.
ENTRADA LIBRE
Sergio López Ramos
slramos2020@ gmail.com Twitter: @serlopram
15 agosto 2017 9:46 Última actualización 15 agosto 2017 9:46
Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

En el 2007, Barack Obama era la estrella ascendente del Partido Demócrata, el PRI estaba en la lona electoral como resultado de las elecciones del 2006, donde su candidato presidencial Roberto Madrazo quedó en un lejano tercer lugar y Nuevo León se preparaba para organizar el Fórum Universal de las Culturas.

Diez años después, prácticamente nadie imaginaba que el nuevo Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, solicitaría a su socios comerciales Canadá y México, la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Por supuesto, tampoco nadie se imaginó que el PRI no solamente regresaría al poder sino que además trabajaría con sangre, sudor y lagrimas para intentan fortalecer todas la facultades meta y constitucionales del Presidente de la República. Y por supuesto, nunca nadie se imaginaría que Nuevo León sería gobernado por un político independiente.

Pareciera que a nivel regional, nacional y estatal los ciudadanos hemos decidido, a través de las urnas, reconfigurar el poder eligiendo alternativas poco tradicionales para liderar un cambio de régimen. En Estados Unidos, el racismo y la desesperanza de miles de ciudadanos que se dejaron llevar por el canto de las sirenas permitió el triunfo de Trump. En México, la decepción causada por el PAN en la Presidencia de la República y con la narrativa de que el PRI si sabía gobernar, el partido de Elías Calles llegó al poder con una nueva generación de políticos que forman parte de los nuevos innombrables de este país.

Por supuesto, este hartazgo bien identificado también generó que Jaime Rodríguez obtuviera la gubernatura de Nuevo León. Sin embargo, la llegada de nuevos actores no ha estado acompañada con medidas innovadoras y disruptivas que modifiquen la relación entre gobernantes y gobernados. Por el contrario, tanto en Estados Unidos, como en México y nuestra entidad, pareciera que una vez más, la esperanza de un cambio a nuestra realidad se esfuma de nuestras manos.

Nuestras democracias representativas se han convertido en mecanismos que permiten la rotación de élites políticas y económicas para utilizar los instrumentos del Estado a favor de una agenda determinada por poderes fácticos. Pero no sólo estamos delegando nuestra representación, también la esperanza colectiva de miles de ciudadanos que creen, no digo en un proyecto de nación o de entidad porque ningún partido los ha presentado, pero si en la cauda de promesas electoreras de los políticos profesionales.

Pero si como ciudadanos estamos lejos de tener la capacidad de involucrarnos en el proceso de la toma de decisiones que mas atañen a nuestro país, ¿qué podemos hacer para realmente, por lo menos, aspirar a generar un cambio en nuestra sociedad?, ¿cómo generar más esperanza en las colonias, en los barrios, en las escuelas, en las comunidades a las que pertenecemos? Quizás, la respuesta luce espectacularmente sencilla pero al mismo tiempo, retadora: mediante la participación ciudadana.

¿Qué podemos hacer para, como electores, diseñar e impulsar una agenda propia para nuestros distritos y municipios? En principio, podríamos utilizar el espacio de organizaciones que ya existen, desde las juntas de vecinos en nuestros municipios, las sociedades de padres de familia, los grupos estudiantiles y las cámaras empresariales. Abrir el diálogo e incentivar la identificación de los principales retos de nuestras comunidades, las causas y sus posibles soluciones. Irónicamente, nosotros como ciudadanos estamos mucho más cerca de los problemas que de aterrizar soluciones. Es momento de ser parte del proceso de toma de decisiones de nuestras comunidades.

Hay que imaginar que un mundo sin nosotros es imposible.

El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.