Monterrey

Historias de acoso en la tradición oral

OPINIÓN. El problema de las versiones modernas de Cenicienta y Caperucita es que condicionan a las mujeres a ser exaltadas por su prudencia, candidez y sometimiento a una realidad acosadora, la subsistencia entre lobos es -dicen- inexorable, hasta que llegue ese valeroso caballero.
LA PROPIA POLÍTICA
Sara Lozano
loalsara@yahoo.com
15 noviembre 2017 10:19 Última actualización 15 noviembre 2017 10:19
Sara Lozano

Sara Lozano

Hay algo que se puede hacer contra la brutal candidez de Cenicienta, siendo la heredera se somete casi voluntariamente a lo doméstico.

También con Caperucita que viendo al lobo, debe creer que esa bestia peluda es en realidad su abuela. Afortunadamente Clarissa Pinkola (Pinkola, Clarissa. Mujeres que corren con los lobos) rescata la tradición oral de estas historias y otras, algunas de ellas las “modernizan” los hermanos Grimm.

Resulta que Cenicienta se llamaba Vasalisa, se enfrenta a su madrastra y asume el poder económico y social que tan efectivamente oculta la historia moderna.

Baba Yaga, la mujer temida en el pueblo, es quien la forja, la empodera y la devuelve al mundo. No hubo necesidad de príncipes valientes, ni hadas buenas, ni animales solidarios.

De Caperucita se encuentran varias versiones, una niña traviesa que toma una ruta larga o equivocada, de un lobo gandalla que la embauca y todo se resuelve porque ella escapa, o bien, la abuela interviene y otro final es que hacen la mancuerna abuela-nieta.

El lobo es amagado y no se ocupa leñador fortuito que venga a rescatar a nadie.

De la vida real, aprendí desde niña-adolescente a cambiar de acera cuando iba a pasar frente a una obra en construcción, instrucciones de mi mamá: camina rápido y finge que no escuchas ni rechiflas ni piropos.

Así es la vida, es el problema de ser mujer.

Una señora de más de 60 años estaba muy incómoda en una carne asada porque debajo de la mesa su vecino, más mayorcito, le hace insinuaciones con el pie.

La primera vez creyó que era un error, la segunda la molestó y a la tercera levanta el mantel, se asoma descaradamente y le pregunta si está buscando algo porque está topando su pie, tal vez se le cayó algo.

Además de sonrojarse, el vecino optó por retirarse un rato después.

No he encontrado algún estudio que revele el problema real del acoso, sigue dándose valor a la afirmación de que “ella es coquetea”.

El problema de las versiones modernas de Cenicienta y Caperucita es que condicionan a las mujeres a ser exaltadas por su prudencia, candidez y sometimiento a una realidad acosadora, la subsistencia entre lobos es -dicen- inexorable, hasta que llegue ese valeroso caballero.

Por esto, las encuestas sobre acoso arrojan números inciertos ya que muchas mujeres están acostumbradas a este problema de ser mujer.

Muchas personas (madres, autoridades, psicología y más) tienen normalizada esta forma violencia incipiente.

En mis estadísticas, después de los 35 años, los números son de 20 a 1.

Padezco 20 acosos y por una vez que decido coquetear.

Que se castigue a cada agresor acosador, y a la vez algo podemos hacer con las niñas y jóvenes para atemperar la brutal candidez de las historias modernas que contamos.

La autora es Consejera Electoral en el estado de NuevoLeón y promotora del cambio cultura a través de la Educación Cívica y la Participación Ciudadana.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.