Monterrey

Hacia el 2018

OPINIÓN. Es urgente la aprobación de una segunda vuelta electoral que permita la construcción de mayorías y brinde legitimidad. Las elecciones ya no se pueden ganar por un voto de diferencia.
ENTRADA LIBRE
Sergio López Ramos
slramos2020@ gmail.com Twitter: @serlopram
06 junio 2017 9:49 Última actualización 06 junio 2017 10:45
Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Los resultados de las elecciones del pasado domingo nos dan la oportunidad de medir la fuerza actual de los partidos políticos y los retos que enfrentamos rumbo al 2018. Es importante subrayar que los comicios se vieron enmarcados por un extraordinario flujo de dinero para comprar el voto, acompañados por una campaña de intimidación y miedo.

Quizás, la consecuencia más emblemática de esta estrategia fue la renuncia de cientos de funcionarios de casillas, responsables de sacar adelante las elecciones.

En términos de logros de los partidos políticos, hay que reconocer el avance electoral que MORENA ha logrado construir. Hasta el momento, se ha convertido en el partido político disruptivo dentro del sistema. En el Estado de México, logró una votación de poco más del 30 por ciento, mientras que en Coahuila y en Nayarit, entidades que constituyen una suerte de terra incognita para la izquierda, logró posicionarse como la tercera fuerza política de la entidad.

Por su parte, el Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática confirmaron que la estrategia de alianzas les permite generar rentabilidad electoral y política. La conquista electoral de la Gubernatura de Nayarit y la victoria en la mitad de los municipios de Veracruz, nos confirman que es posible la construcción de una alianza entre la derecha y la izquierda para postular a un candidato a la Presidencia.

Por último, el Partido Revolucionario Institucional se consolida como la fuerza política con la mejor maquinaria electoral de tierra, capaz de ganar los resultados “haiga sido como haiga sido”. Sin embargo, el desplome electoral del PRI es una tendencia real. Sin embargo, la incapacidad de la oposición para consolidar proyectos de gobierno de coalición a nivel estatal mediante la construcción de frentes electorales, le permite al PRI y al sistema dividir el voto y ganar las elecciones.

El problema es que los gobernadores electos del Estado de México y de Coahuila llegan al poder con el apoyo de solo un tercio de la población y con una diferencia mínima entre los dos primeros lugares. El hecho de que hayan sido elegidos de forma democrática en un sistema inequitativo, no se traduce en la obtención de la legitimidad y el apoyo necesario para gobernar y tender puentes con los diferentes sectores de la sociedad.

Es urgente la aprobación de una segunda vuelta electoral que permita la construcción de mayorías y brinde legitimidad. Las elecciones ya no se pueden ganar por un voto de diferencia. Una vez más, el próximo Presidente de México llegará solamente con el apoyo de un tercio de la población. Así, en el contexto actual, el PRI se ha convertido en el partido con las mejores tácticas y estrategias para sacar provecho de la incapacidad de la oposición para formar una alternativa real de gobierno, en una sociedad cada vez más polarizada por la desigualdad económica y social.

Por supuesto, los mayores perjudicados en estas elecciones son aquellos que buscan una candidatura independiente a la Presidencia como “El Bronco”. Ninguno de los candidatos que por esta vía buscaron la gubernatura fue competitivos y, por el contrario, sólo dividieron el voto en Coahuila y en el Estado de México.

¿Cuál es la verdadera intención de Rodríguez Calderón de lanzarse por la Presidencia?, ¿piensa que es competitivo y que puede ser el candidato disruptivo dentro del sistema político?, ¿o simplemente será un actor más en el juego del sistema para menguar las posibilidades de la oposición y mantener el status quo priista?.

El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.