Monterrey

Falta de productividad seguirá mermando
el crecimiento del país

OPINIÓN. Hoy, el PIB per cápita de México es de 8.5 mil dólares por persona mientras que Corea del Sur ya es oficialmente un país industrializado, con un PIB per cápita de 33 mil dólares por persona.
VISIÓN ECONÓMICA
Jesús Garza
07 septiembre 2017 10:28 Última actualización 07 septiembre 2017 10:28
Jesús Garza, director general y fundador de GF GAMMA.

Jesús Garza, director general y fundador de GF GAMMA.

La semana pasada la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) organizó un evento titulado “TLC y el crecimiento” con fines de conmemorar los 60 años de la fundación de su facultad de economía. Los invitados a dicho evento fueron Ildefonso Guajardo, Agustín Carstens, Alejandro Werner, Everardo Elizondo, Herminio Blanco y Paul Krugman.

Los temas tratados, como verán fueron muy diversos, desde el comercio internacional, política monetaria y las expectativas de crecimiento hacia futuro. Destacó un común denominador de varios ponentes: el libre comercio es una condición necesaria más no suficiente. Es bien entendido que el TLCAN ha propiciado que la economía mexicana se haya transformado de una economía exportadora de petróleo hacia una economía manufacturera (los automóviles representan el 30 por ciento de las exportaciones totales).

No sólo eso, sino que ha contribuido a la creación de miles de empleos relacionados directamente con el TLCAN (30 por ciento de los empleos en el país están directamente ligados con el TLCAN). Además, el libre comercio ha propiciado menores precios al consumidor, incrementando la variedad de oferta de productos y servicios. Sin embargo, el promedio de crecimiento económico del país en este periodo ha sido de aproximadamente 2 por ciento. Muy por debajo de otras economías emergentes. ¿A qué se debe este bajo crecimiento? A la productividad.

Hace aproximadamente 35 años, México y Corea del Sur registraban índices de PIB per cápita muy similares (aproximadamente 6 mil dólares por persona). Hoy, el PIB per cápita de México es de 8.5 mil dólares por persona mientras que Corea del Sur ya es oficialmente un país industrializado, con un PIB per cápita de 33 mil dólares por persona.

La diferencia se debe a la política económica que ha seguido cada país.

Mientras que Corea ha invertido grandes cantidades de recursos en tecnología, investigación científica, infraestructura y educación, México sigue destinando sus recursos hacia rubros que no promueven la productividad.

Analicemos el gasto público federal. La Secretaría que recibe la mayor cantidad de recursos es la SEDESOL, quien destina la mayor parte de los mismos hacia el asistencialismo, es decir, transferencias directas las cuales no contribuyen a la expansión de la economía. Al mismo tiempo, la inversión en ciencia y tecnología continúa deprimida, solo el 0.5 por ciento del PIB se dirige hacia este rubro. Muy por debajo del promedio de 2 por ciento de otras economías emergentes. Solo este año los recursos hacia CONACYT se redujeron en más del 60 por ciento. Si hablamos de infraestructura el resultado es más alarmante.

Los últimos tres años de ajuste presupuestario ha impactado principalmente a obras de infraestructura, con una reducción de 22 por ciento anual, mientras que el gasto corriente solo decrece en 2.5 por ciento. De hecho, este año el gobierno federal ya destina más recursos al pago de la deuda que a la inversión en infraestructura.

De acuerdo al modelo de crecimiento del famoso economista Solow, se requiere destinar recursos hacia la tecnología e innovación, y capital físico y humano, para expandir el potencial de crecimiento de cualquier economía y también para propiciar mejores niveles salariales. Como lo dijo un ponente hacia el final del evento, sin ser experto en pronosticar el crecimiento económico, puedo decir con algo de certeza que México continuará creciendo al 2 por ciento.

El autor es el director general y fundador de GF GAMMA y catedrático en el ITESM campus Monterrey. Cuenta con un doctorado en Finanzas y maestría en Economía Financiera por la Universidad de Essex en el Reino Unido, y una Licenciatura en Economía por el ITESM (campus Monterrey).

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.