Esperanza de solsticio
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Esperanza de solsticio

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Monterrey

Esperanza de solsticio

OPINIÓN. Estas fechas son muy significativas desde las religiones precristianas: los egipcios tenían esa deidad nacida de madre virgen; budistas y griegos no eran ajenos a esta forma de divinidad parida el día más oscuro del año y cuya llegada abría una etapa de evolución –revolución- de la humanidad.

LA PROPIA POLÍTICASara Lozanoloalsara@yahoo.com
20/12/2017
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La prisa anda al volante, la impaciencia en las filas y algunos malos modos de pasada. Me parece que diciembre es el mes que más abarrota las calles, seguramente porque la economía se mueve, las familias se reúnen y se organizan reencuentros con seres queridos. Esta semana prenavideña hay muchas emociones deambulando: paz, esperanza y amor que no se advierten; un sinsentido esto de andar de malas por los festejos de Natividad.

Estas fechas son muy significativas desde las religiones precristianas: los egipcios tenían esa deidad nacida de madre virgen; budistas y griegos no eran ajenos a esta forma de divinidad parida el día más oscuro del año y cuya llegada abría una etapa de evolución –revolución- de la humanidad.

Tal vez sea más comprensible esta época de tensión acumulada desde el concepto prehispánico del solsticio de invierno.

Significa el día de menos luz, da inicio a un periodo de recogimiento y reflexión, tiempo también para deshacerse de lo viejo y dejar entrar lo nuevo.

Lo leí y disfrute en la novela Azteca de Gary Jennings, también aparece en El Mito de Quetzacóatl de Enrique Florescano y hay otro libro más, de una antropóloga que narra las costumbres de una sociedad tolteca en relación al regreso de Quetzalcóatl, pero este dato se los debo.

Lo que más se quedó grabado fue la novela, por supuesto y por angustia, esos párrafos dedicados a romper todos los trastes, la vajilla y ollas, para recibir al Año Nuevo.

El solsticio de invierno es el final del final, desde el día más oscuro sólo pueden esperarse días de luz. Imagino una semilla viva, sola y aterida, rodeada de una tierra fría y oscura, y es ese preciso instante en el que ella se abre, se relaja, sabe porque lo siente, que ha pasado el umbral de la muerte a la vida.

El solsticio es el preludio de la primavera, si bien ésta aún no llega, ya la naturaleza se prepara para su recibirla.

En esta poética cosmogonía encuentro más sentido a la intensidad de emociones prenavideñas, nuestras conductas agresivas y apuradas tienen más lógica bajo la idea de este umbral muerte-vida.

Porque poco tiene de festivo enfrentar lo más negro, la manifestación de la nada en la naturaleza; el solsticio de invierno es el tránsito inevitable por un umbral que de lo que muere para darle paso a la vida.

Si es cierto que todos cargamos con el inconsciente colectivo junguiano, entonces la psique lo sabe, y no le resulta ni fácil, tampoco es amable atravesar tener que atravesar por ese umbral.

Así las prisas, la impaciencia, los malos modos parecen síntomas de solsticio invernal, de una tensión acumulada que se apura hacia algo tenebroso, quizá, pero inminente.

El jueves 21 de diciembre inexorablemente transitaremos por este umbral y lo único que puede seguir es abrirle los brazos al 22 que trae los días de luz, la distensión, la llegada, la paz, el amor y la esperanza.

¡Felices fiestas!

La autora es Consejera Electoral en el estado de Nuevo León y promotora del cambio cultura a través de la Educación Cívica y la Participación Ciudadana.

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Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.