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El gran error de la administración de Enrique Peña Nieto fue despreciar el diseño y la implementación de reformas.

Opinión MTY Entrada libre Sergio López Ramos
05/06/2018
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Fuente: Bloomberg

El agravio, la desesperanza y la frustración de miles de mexicanos han transformado los comicios electorales del 2018 en un verdadero plebiscito sobre el modelo de nación que queremos. Claramente, la arena electoral está dominada por dos grupos. Por un lado, está la llamada “mafia del poder” representada por los actores políticos de los Partido Revolucionario Institucional, Acción Nacional y de la Revolución Democrática.

Aquellos quienes en su momento aprobaron la última generación de reformas estructurales que redujeron aún más el estado mexicano, un ente que ha violado de forma sistemática los derechos humanos, que ha desaparecido y asesinado a mujeres, jóvenes y migrantes.

Un estado que tiene el color de la impunidad y la corrupción de la Casa Blanca y una insensibilidad social que permitió el aumento de los precios de los combustibles sin calcular el costo político y social que esta simple acción implicaba. Así, el gran error de la administración de Enrique Peña Nieto fue despreciar el diseño y la implementación de reformas que permitieran la movilidad social.

Por el otro lado, una singular alianza de actores políticos identificados con las causas del pueblo vela armas para asaltar el Olimpo por medio de las urnas. En este contexto, el movimiento de López Obrador se ha fortalecido por dos aspectos fundamentales.

El primero, a nivel cupular, es el movimiento de los políticos tránsfugos de los partidos que luchan por mantener el statu quo hacia MORENA y el segundo, a nivel de calle, pero no menos importante, es la capitalización de la indignación y la desesperanza de miles de ciudadanos, sentimientos que permiten alimentar y expandir el Movimiento de Regeneración Nacional.

La nueva corte de Andrés Manuel se ha pronunciado contra las reformas educativa y energética, quizás las más emblemáticas del sexenio que fenece, reafirmando su posición del lado de las causas del pueblo.

En este México maniqueo que la campaña electoral ha reforzado, los primeros son los responsables de la situación, mientras que los segundos son los nuevos redentores, capaces de solucionar todas y cada una de nuestras desgracias.

Sin embargo, propuestas como la creación del Registro Nacional de Necesidades, la renta básica universal para los mexicanos, un gobierno de coalición y la pretendida desaparición de la corrupción que habría con la llegada al poder de ¨ya saben quién¨ son, en su conjunto, un agravio al intelecto del mexicano por su inviabilidad.

Se suponía que las candidaturas independientes oxigenarían el debate político, lo que generaría oportunidades de empoderamiento ciudadano y con ello, nuevas visiones de como gobernar. Pero lejos de eso, las candidaturas independientes han demostrado que son figuras que únicamente han sido utilizada por otros políticos trásfugos para posicionar sus agendas.

En la lucha por la Presidencia, Jaime Rodríguez Calderón ha desperdiciado una oportunidad única en la historia del México contemporáneo como el único candidato independiente. No tiene propuestas innovadoras para enfrentar los graves problemas del país. Distante de las organizaciones de la sociedad civil, de las causas sociales y de la defensa de los derechos humanos, la terca realidad nos recuerda día con día que 30 años de priismo siguen pesando.

Me pregunto quienes habrán financiado su candidatura, primero a la Gubernatura de Nuevo León y después a la Presidencia. La inversión ha sido muy mala para Nuevo León y peor aún, para todos aquellos mexicanos que veíamos con esperanza las candidaturas independientes, específicamente, a la Presidencia de la República.

El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Opine usted: slramos2020@ gmail.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.