Monterrey

¿Es mucho pedir?

OPINIÓN. Sí, algunos ex gobernadores fueron detenidos, otros estarán en proceso y unos más al menos, la pésima fama no se la quitarán de encima. La siguiente pregunta pudiera ser: ¿Cómo es que pudieron hacer tropelía y media y nadie lo detectó durante sus sexenios?
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Miguel Moreno Tripp
morenotrip@ gmail.com.mx
12 junio 2017 9:55 Última actualización 12 junio 2017 10:0
Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Casi que con un perfil bajo, se puede decir, se han detenido a varios ex gobernadores ya sea en México o en el extranjero con proceso de extradición. Se trata de Guillermo Padrés, de Sonora, panista y detenido; todos los que siguen, priistas: Roberto Borge, de Quintana Roo, detenido en Panamá; Javier Duarte de Veracruz, detenido en Guatemala; César Duarte, de Chihuahua, prófugo; Tomás Yarrington, de Tamaulipas, detenido en Italia y “cedido” a Estados Unidos; Andrés Granier, de Tabasco, detenido. Qué bueno que el que la haga la pague.

Eugenio Hernández, de Tamaulipas; Rodrigo Medina, de Nuevo León; Humberto Moreira, de Coahuila; y Jorge Herrera Caldera, de Durango, tienen procesos o estuvieron involucrados en temas de corrupción, con todo y que nuestras leyes a modo les permitan ahora tener fuero. Durante la administración del perredista Ángel Aguirre, de Guerrero, sucedió la desgracia de los 43. ¿Se acuerda del “michoacanazo” que es consecuencia, de acuerdo a las noticias de la época, de la gestión de Leonel Godoy, achacándosele el permitir el florecimiento de las bandas delincuenciales de por allá? Acuérdese no de Acapulco, sino de Morena en Veracruz.

Cabe la pregunta: ¿Qué le parece la lista de estos personajes? Sí, algunos fueron detenidos, otros estarán en proceso y unos más al menos, la pésima fama no se la quitarán de encima. La siguiente pregunta pudiera ser: ¿Cómo es que pudieron hacer tropelía y media y nadie lo detectó durante sus sexenios? Seis años es tiempo más que suficiente para poder investigar –y probar- muchas acusaciones. No es que cometieran sus tropelías el último día de su gestión ¿verdad? (Aunque ese día también lo aprovecharon).

Más bien la pregunta debería de ser: ¿A poco no sabían los partidos políticos a quienes candidateaban para esos puestos? ¿Se alejaron del camino de la pureza que pregonaron durante sus respectivas campañas, acusando a diestra y siniestra la corrupción de sus contrincantes, prometiendo acabar con la corrupción del de antes, así nada más por arte de magia? ¿Una maligna hada madrina los transformó en lo que son? ¿Verdad que no?

O lo que es lo mismo ¿Cómo es que uno paga y paga impuestos y más todavía, a fuerza de gasolinazo limpio acabando por financiar a quienes hacen tanto daño a sus estados y al país? ¿Cómo? ¿No que “el que paga manda”? En México, no. Los de a pie solo estamos para pagar rapidito y sin chistar so pena de que, a nosotros sí, nos caiga todo el peso de la ley, no en seis años (algo disfrutaríamos) sino en cualquier momento.

¿Qué necesitamos para despertar y exigir a los partidos que, al menos, candidateen a personajes razonablemente limpios? Estoy seguro que las instancias de seguridad nacional saben bien de los antecedentes de esos y muchos personajes, pero no lo revelan, so pena de que se les echen encima los mismos partidos políticos. Hacienda, el SAT, las Contralorías y un largo etcétera de instancias gubernamentales, ¿de verdad no saben nada hasta que terminan sus sexenios? Ya basta de aguantar tanto latrocinio y exigir que candidateen personajes limpios. ¿Es mucho pedir?

El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Em- presas, en el IPADE. Se desempeñó como Director Gen- eral de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcio- nar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.