Monterrey

Empresa Familiar: ¿Resulta-DOS?

OPINIÓN. Lamentablemente, los resultados de familia poco se miden y se evalúan objetivamente.
EMPRESAS FAMILIARES
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
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25 julio 2017 9:35 Última actualización 25 julio 2017 9:35
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

¿Cómo se miden los resultados de un proceso familiar-empresarial?
Como su nombre lo apunta para poder analizar los resultados de estos procesos deben existir DOS tipos de indicadores: los familiares y los empresariales—cada uno con sus propios objetivos, métricas, tiempos, involucrados, motivaciones y repercusiones.

Los resultados más tangibles y rápidos son los de negocio, o resultados empresariales.

Y, aunque NO son fáciles, lo cierto es que suelen costar menos en cuanto a tiempo de implementación y desgaste-implicación emocional.

Y es que, el negocio no puede esperar a que “yo” quiera cambiar ¿o sí?

La propia empresa exige modificaciones en comportamientos, innovaciones en productos y servicios, y mejoras en la estructura.

El mercado demanda; la empresa familiar responde,… o muere.

Así, en el ámbito empresarial, existe de forma innata una urgencia que nos impulsa a actuar, a allegarnos buenos colaboradores y a prescindir de los que no aportan valor y causan conflicto. ¿Qué pasa si no lo hacemos?

Los clientes reclaman, las ventas se caen, la gente valiosa se va, los eventos difíciles aparecen—huelgas, errores en la producción, demandas laborales— y entonces los socios, junto con el equipo directivo, sólo tienen dos opciones: Unirse para contrarrestar las dificultades o separarse.

Por otro lado, están los resultados familiares, los cuales son más complejos en su manifestación y medición. Y es que, los resultados familiares no sólo tardan más tiempo en materializarse, sino que dependen, específicamente, de cada uno de los involucrados en el proceso familiar-empresarial y de sus interacciones.

Adicionalmente, hay que considerar que como la familia ha funcionado—bien, mal o regular—en el estatus original, no hay urgencia de cambiar.

Precisamente por ello, y para que los resultados familiares se den, los involucrados deben estar conscientes de que:

1) Cada miembro de la familia debe “trabajar” no sólo a título personal, sino también en conjunto con su rama familiar. Esto requiere COMPROMISO.

2) Los cambios se darán sólo si los involucrados modifican sus actuales actitudes, prejuicios y hábitos. Esto requiere DISCIPLINA y HUMILDAD.

3) Los miembros de la familia estarán sujetos a chantajes emocionales durante este proceso de cambio; la labor es no caer en ellos. Esto requiere TEMPLANZA.

4) Debe existir un alto deseo de formar o formarse, y de informar o informarse. Esto requiere VOLUNTAD y TRABAJO.

5) Entre más familia y más arraigados estén los hábitos no productivos, más lento será el avance. Esto requiere ACEPTACIÓN.

Lamentablemente, los resultados de familia poco se miden y se evalúan objetivamente.

Y es que, ¿de qué sirve que la familia se comunique mejor, se forme en temas de negocio, esté más informada sobre la empresa, conozca mejor a los colaboradores y se involucre en la planeación estratégica? Al final, “¡Eso no deja dinero!”.

… En el corto plazo. No obstante, si realmente visualizamos la trascendencia de nuestro negocio familiar, es la parte más relevante a procurar y elaborar.

Y es que, no hay negocio o patrimonio que sea inmune a los pleitos familiares, a la ignorancia de sus dueños, o a la avaricia y el ego de quienes lo dirigen… ¿O sí?

La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.