Monterrey

Empresa Familiar… ¡Esquizofrénica!

OPINIÓN. "De no tratarse adecuadamente puede derivar en el suicidio empresarial".
Rosa nelly Trevinyo-Rodríguez | Empresas Familiares
rosanelly@trevinyorodriguez.com
Twitter: @doctoratrevinyo
08 febrero 2017 10:1 Última actualización 08 febrero 2017 10:1

Como recordarán, en la columna pasada les comenté que la empresa familiar, como organismo social, vivo y complejo, puede enfrentar ciertas “enfermedades” no sólo en su estructura y funcionamiento operativo, sino también en su propia “psique empresarial”. Con el fin de conocer y reconocer estos desórdenes trataré ahora el segundo padecimiento: la esquizofrenia.

La esquizofrenia—como trastorno mental que aqueja al individuo—es una enfermedad compleja que se presenta en diferentes tipos y fases, y que se caracteriza por la falta de conciencia de la realidad –alucinaciones, delirios, paranoia– , la disfunción social, la existencia de episodios psicóticos, la presencia de trastornos afectivos y de auto-percepción, y la manifestación de un lenguaje/pensamiento desorganizado (entre otras). Y, aunque cada caso es diferente (tipo de esquizofrenia, fase, evolución) usualmente, si se trata a tiempo, la persona mejora gradualmente, aprende a manejar su padecimiento y reduce los síntomas, pudiendo ser altamente funcional—prueba de lo anterior son Edgar Allan Poe (escritor), Beethoven (músico) y John Nash (premio Nobel).

Por otro lado, en el ámbito de los negocios, la esquizofrenia en la empresa familiar es una enfermedad multifacética cuyos SÍNTOMAS característicos son:

Socios que actúan como “Dioses del Olimpo” delegando el rol de dueño.
Me refiero a aquellos miembros de la familia que colaboran en la organización y que poco “bajan” a ver cómo se lleva a cabo la operación; a evaluar las necesidades de los colaboradores. Para ellos, las decisiones se toman en base a números; no a personas. Por lo mismo, delegan casi todo el contacto social a sus directivos no familiares (empoderados en exceso), perdiendo la esencia del rol de dueño y la sensibilidad del negocio… Al final, no se enteran de lo que sucede.

Paranoia generalizada entre los colaboradores.
La mayoría de los colaboradores concuerdan en que “hay espías”: personas que informan a los dueños, o a los directivos no familiares empoderados en exceso, de lo que hacen y dicen; se sienten observados, escuchados… Cualquier cosa que digan o hagan puede ser usada en su contra, por ello, se guardan sus comentarios, no confían en nadie y poco trabajan en equipo.

Victimismo, heroísmo y bullying organizacional.
Los dueños o directivos no familiares buscan “culpables” por todos lados, no se hacen responsables de los hechos ni toman su rol de líderes; además, se quejan continuamente de la poca valía de sus subordinados. Si a esto agregamos episodios constantes de euforia (acelerar el ciclo normal de operación; hacer a la gente trabajar horas extras) y/o mal humor (estallidos, gritos y maltratos), el panorama se vuelve sombrío. Ah, pero eso sí, cuando algo sale bien, el reconocimiento es del jefe—nadie más es partícipe del logro. El héroe o la heroína han salvado a la compañía, no importa qué métodos hayan utilizado (imposición, explotación, intimidación o management de terror), ni qué tan afectado esté el clima organizacional.

Inconsistencia entre decir y hacer… Confusión y depresión empresarial.
El discurso del jefe, o incluso de los dueños, no coincide con los hechos. Piden austeridad y no la ejercen. Piden innovación y no la fomentan. Piden sacrificio por parte de los trabajadores, pero no lo valoran. Al final, lo único que queda es confusión y desgano: “mi trabajo es de 8 am a 5 pm; y a las 5:01 se me cae el lápiz”; “en esta empresa, es mejor nadar de muertito... si no haces olas, estás seguro”.

La esquizofrenia en la empresa familiar puede volverse crónica, y de no tratarse adecuadamente puede derivar—sin quererlo y sin estar plenamente lúcidos—, en el suicidio empresarial (corpor-eutanasia)… ¡Detéctala a tiempo!


La autora es Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.