Empresa Familiar: ¡Auto-Sabotaje!
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Empresa Familiar: ¡Auto-Sabotaje!

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Empresa Familiar: ¡Auto-Sabotaje!

Los procesos de profesionalización e institucionalización que involucran rivalidad, envidia y celos entre hermanos requieren mucho más que una buena organización y estructura de gobierno.

Opinión MTY empresas familiares Rosa Nelly Trevinyo- Rodríguez
05/09/2018
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Rosa Nelly Trevinyo-RodríguezFuente: Cortesía

Cuando varios herman@s trabajan en la dirección del negocio y todos tienen la misma autoridad, usualmente hay problemas. Y es que, el hecho de que todos manden, más que ayudar, confunde a los colaboradores; amén de generar roces, malestar y teléfonos descompuestos.

Evidentemente, la mayoría de las veces esto sucede porque al estar tan atareados en el día a día, nos olvidamos de comunicar aquello que ordenamos y “sin querer queriendo” nos cruzamos. No obstante, cuando llega el punto en que este comportamiento se vuelve un hábito, la situación provoca enojo, frustración y un sentimiento de menoscabo: “Mi hermano no respeta mi autoridad ni valora mi conocimiento”.

Para intentar solucionar este (y otros) retos, las familias empresarias recurren a profesionalizar e institucionalizar sus negocios. La labor no es tarea fácil, requiere: 1) humildad, 2) estructura y 3) disciplina. Humildad, para aceptar que en la empresa familiar la jerarquía es la jerarquía, y que por muy dueño que sea, si queremos que la estructura y los procesos empresariales funcionen, hay que comprometernos a respetarlos. Estructura, para que si “como dueño” necesito algo, existan los canales adecuados que me permitan solucionarlo. Y disciplina, para evitar cruzar las líneas de autoridad establecidas, amenazar con que “también soy dueño”, y tratar de ganar a toda costa.

Aunque generalmente se asume que teniendo áreas de expertise claras, funciones establecidas, roles definidos, una estructura organizacional adecuada y órganos de gobierno fuertes, los “problemas de comunicación”, “cruces” o “guerras de poder” acabarán, esto no es totalmente cierto… Y es que, muchas veces, el problema no está ahí; sino en las conductas, actitudes y percepciones de los involucrados. Si a esto le agregamos que las rivalidades, las envidias y los celos no suelen estar totalmente ausentes en este tipo de dinámicas, terminaremos pisando terreno minado.

Y es que, los procesos de profesionalización e institucionalización que involucran rivalidad, envidia y celos entre hermanos requieren mucho más que una buena organización y estructura de gobierno. Necesitan un ajuste en la dinámica familiar, en el propio individuo—su forma de pensar, percibir y actuar—y en la relación de trabajo.

La rivalidad, la envidia y los celos tienen más que ver con carencias y deseos internos; con la necesidad de demostrar o tener algo. Y para lidiar con ellos, lo primero que hay que hacer es reconocer que existen. Este es el paso más complejo—y más necesario para trabajarlos conscientemente y en positivo. Verbalizar que le tengo antipatía, envidia o celos a mi hermano porque posee ciertas capacidades innatas, estudios, atención de seres queridos o posesiones, es un proceso lento que requiere evaluar el tamaño de nuestro ego y desarrollar una alta capacidad de auto-aceptación.

Cuando este proceso no se da, nuestros comportamientos y percepciones se vuelven más enraizados, y nos victimizamos para justificar nuestras (malas) acciones—i.e. no respetar las líneas de autoridad, dar contra-ordenes, desacreditar al hermano a espaldas suyas, etc. Lo cierto es que, en el fondo—y de manera encubierta—, lo que deseamos es que las cosas no funcionen, que el hermano pierda, que no obtenga lo que aspira o que malogre lo que tiene—y para ello saboteamos y excluimos cualquier posible “orden”.

Obviamente, con estos comportamientos y condiciones, ninguna estructura de gobierno funciona,…ni funcionará correctamente. Así que, ¡mucho ojo!

La autora es socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

Opine usted: rosanelly@trevinyorodriguez.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.