El tigre de Andrés Manuel: el juego de los empresarios
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El tigre de Andrés Manuel: el juego de los empresarios

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El tigre de Andrés Manuel: el juego de los empresarios

Es una lástima que algunos empresarios le apuesten a una mayor polarización, lejos de buscar cambios en el modelo de desarrollo económico y político.

Opinión MTY Entrada libre Sergio López Ramos
19/06/2018
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Sergio López Ramos.Fuente: Cortesía

En el año 2013, el académico Stephen Wilks publicó un libro titulado “The Political Power of Business Corporation,” en el cual analiza el impacto que tienen las empresas inglesas en el proceso de diseño e implementación de políticas públicas en el Reino Unido, en el contexto del ascenso y la consolidación del neo-liberalismo.

De acuerdo con Wilks, gracias a la implementación del neo-liberalismo, las empresas han logrado ampliar su capacidad para proveer bienes y servicios en sectores estratégicos como energía, defensa, salud, pensiones, educación, entre otros. Como consecuencia, Wilks señala que las empresas se han posicionado como la parte central del nuevo modelo de desarrollo en las democracias liberales occidentales, gracias a la capacidad que poseen de invertir recursos y generar empleos en, prácticamente, cualquier sector de la economía.

En este contexto, las empresas inglesas participan en un esquema de gobernanza política de “poder compartido” con otros dos sectores, el gobierno y las organizaciones de la sociedad civil organizada. Sin embargo, Wilks señala que en este modelo de gobernanza tripartita en las democracias liberales occidentales se ha roto debido a que las empresas se han convertido en los actores políticos más poderosos. En esta nueva dinámica de relaciones de poder disminuye la capacidad del gobierno para proveer seguridad social y bienestar a sus ciudadanos.

Wilks afirma que estamos presenciando el ascenso del Nuevo Estado Corporativo, el cual posee cinco características principales: a) un decremento significativo en los montos de inversión destinados a los servicios públicos que brinda el Estado; b) un incremento en el aumento de los recursos financieros que invierten empresas en servicios públicos, y que licitan a través de instituciones de gobierno; c) los servicios que proveen el Estado disminuyen drásticamente; d) el Estado adopta un proceso de regulación “despolitizada” que responde a los intereses del mercado y no a los del Estado; y e) el proceso de toma de decisiones utiliza parámetros empresariales como la competitividad y la eficiencia.

En México, los empresarios también se han convertido en actores políticos preponderantes del modelo de gobernanza nacional. Desde los tiempos de la administración de Carlos Salinas de Gortari, esta situación ha generado un desbalance importante en beneficio de los empresarios, desplazando al Estado Mexicano y dejando sin herramientas de participación a los ciudadanos, con excepción de la vía electoral en las urnas.

Nuevo León no es la excepción. Las diferentes administraciones estatales de nuestra entidad han otorgado a diversos grupos empresariales la facultad de brindar mayores servicios que van desde la construcción de carreteras, infraestructura pública como la Torre Administrativa, el cobro de servicios en tiendas de conveniencia y transporte público. Por si fuera poco, el Consejo Nuevo León, el órgano responsable de generar la planeación estratégica y la evaluación de las políticas públicas en la entidad, queda claro que la sociedad civil organizada no está representada.

Los mensajes de varios directivos de empresas de Nuevo León sobre los peligros de los resultados de la elección presidencial son una estrategia de doble filo. Si bien los empresarios son respetados por la comunidad de Nuevo León, para un sector de la población son parte de lo que se denomina “la mafia del poder,” alimentando la narrativa que ha polariza a nuestra sociedad.

Es una lástima que estos empresarios le apuesten a una mayor polarización, lejos de buscar cambios sustanciales en el modelo de desarrollo económico y político en beneficio de la sociedad civil organizada.

El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Opine usted: slramos2020@ gmail.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.