Monterrey

El rendimiento y el riesgo de los activos financieros

OPINIÓN. En las semanas pasadas, observamos un fenómeno muy interesante asociado a esta variable económica y que se relaciona a esos períodos de alta volatilidad.
UANL OPINIÓN ACADÉMICA
Jorge O. Moreno Treviño
07 abril 2017 10:30 Última actualización 07 abril 2017 10:30
Columnista

Jorge O. Moreno, Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL

En épocas de alta incertidumbre en el entorno internacional, resulta fundamental para cualquier inversionista conocer cómo ésta se traduce en riesgo y oportunidades de inversión en términos del rendimiento ofrecido por los distintos instrumentos financieros a los cuales se tiene acceso. Lo anterior permite integrar cada pieza adicional de información sobre las expectativas de ganancias y pérdidas potenciales en un portafolio de inversión que satisfaga la dualidad que busca cualquier inversión óptima entre el rendimiento y la exposición al riesgo.

En México, por ejemplo, el tipo de cambio representa un instrumento de inversión para muchos inversionistas: desde las familias de clase media que buscan proteger sus ahorros, hasta las grandes empresas corporativas cuyos costos en insumos y proveedores son pagados en dólares y necesitan coberturas que les permitan planear sus requerimientos de liquidez en el corto y mediano plazo.

En las semanas pasadas, observamos un fenómeno muy interesante asociado a esta variable económica y que se relaciona a esos períodos de alta volatilidad. En particular, observamos el ialza en el tipo de cambio a niveles nunca vistos, llegando a reportarse en su nivel FIX en 21.9044 pesos el 23 de diciembre de 2016, y en ventanilla en niveles superiores a 22 pesos. No obstante, al momento de escribir esta columna (ayer), este mismo valor está situado en 18.7192 pesos, muy cercano a su promedio registrado en 2016.

Durante estas semanas, diversos medios han analizado el papel que ha jugado Banco de México en proveer los mecanismos necesarios, en forma de liquidez y certeza, para regresar el tipo de cambio a su nivel de riesgo natural, eliminando toda volatilidad adicional debido a especulación y desinformación. No obstante, una pregunta fundamental para identificar esos períodos de volatilidad extraordinaria sigue siendo: ¿cuál es el valor de riesgo de referencia, ese valor “natural”, de un activo financiero en términos de su precio y rendimiento? En economía y finanzas nuestra hipótesis central de tal nivel es el precio de equilibrio, aquel que refleja el valor actual de toda ganancia esperada.

En el caso de los instrumentos financieros, el surgimiento del estudio de los precios y rendimientos de equilibrio tiene su génesis en el modelo de precios de activos de capital (CAPM) desarrollado a partir de las ideas de Harry Markowitz (Premio Nobel 1990) y empíricamente implementado por Jack Treynor, William Sharpe, John Litner y Jan Mossin. Este primer modelo propone que, en equilibrio, el precio y rendimiento de un activo financiero es función de un factor único común a todos, denominado “prima de riesgo de mercado”.

El éxito de CAPM en la década de los sesentas fue motivado por la capacidad de combinar grandes bases de datos y capacidad computacional; esto permitió el desarrollo de ese vínculo entre las finanzas empíricas y teóricas.

Sin embargo, conforme el uso estadístico de CAPM se generalizó, la incapacidad de este modelo para explicar el riesgo observado de cada activo financiero constituyó un reto no sólo al carácter empírico, sino también a los fundamentos teóricos que le daba sustento. Correspondió a Stephen Ross, profesor de MIT recientemente fallecido, proponer una explicación a la falta de poder empírico de CAPM: existen fallas en los fundamentos teóricos que hacen que el riesgo de un activo financiero no pueda ser explicado por un único factor, y se requieren otros factores que eliminen toda oportunidad de realizar arbitraje en el largo plazo. Así surgió la teoría del precio de activos por arbitraje en múltiples factores (APT).

Las pruebas empíricas del modelo APT desarrolladas por Eugene Fama (Premio Nobel, 2013) y James MacBeth en 1973 permitieron ampliar el conocimiento de los determinantes asociados al premio por riesgo de cada activo financiero. Actualmente se han identificado al menos 4 factores para analizar el riesgo de un activo financiero: los primeros tres debido a los estudios de Fama y Kenneth French (1993), conocidos como “factor de mercado tradicional de CAPM”, “factor tamaño de capitalización”, “factor relación de precio a valor contable”, y un cuarto factor denominado “persistencia” o “momentum” desarrollado por Mark Carhart (1997).

Conocer el nivel de equilibrio en el rendimiento y riesgo permite, de la mano de un análisis bien fundamentado, tomar mejores decisiones e identificar períodos como el reciente, en el cual activos como el tipo de cambio no reflejaba la fortaleza financiera del país, construida a base de años de regulación prudencial y autonomía en Banxico.

El autor tiene un Doctorado en Economía en la Universidad de Chicago. Es Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-CONACYT Nivel 1.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.