Monterrey

El Plan Estatal de Desarrollo 2016-2021 para Nuevo León

OPINIÓN. Resulta positivo que se determinen algunos indicadores cuantitativos específicos que permitirán, eventualmente, evaluar si los objetivos y las metas propuestas fueron alcanzadas o no, sin embargo, la pregunta que queda sin respuesta, es si va a haber consecuencias o sanciones por NO alcanzar los objetivos propuestos.
COMENTARIO
ECONÓMICO

MARCO A.
PÉREZ
VALTIER
18 mayo 2016 10:10 Última actualización 18 mayo 2016 10:14
Marco A. Pérez Valtier

Marco A. Pérez Valtier

Un diagnóstico a modo. Caramba, hasta en la sopa encontramos que el nuevo gobierno todo lo manosea y lo maquilla para insistir en que el Estado de Nuevo León está en severa crisis financiera, que el Gobierno anterior no hizo nada bien, que fue obeso e ineficiente y que todo lo encontraron mal, que los anteriores Planes de Desarrollo eran totalmente inútiles e inservibles, pero que con la llegada del nuevo gobierno, todo cambiaría para bien, y como el Mesías redentor, salvaría al Estado.

La redacción del documento, incluso en los temas donde hubo importantes avances en el Estado, como por ejemplo en la disminución de la pobreza, omite por completo señalar este avance, y solo reporta los porcentajes actuales, en una clara muestra de lo tendencioso y parcial del documento analizado.

Como claramente lo señala el Sr. Gobernador en la introducción, al acotar: “Pusimos empeño en ponernos de acuerdo en qué vamos a hacer…”, este tipo de ejercicio solo produce un conjunto de buenos deseos que se circunscriben en el “Qué” se busca hacer, (Promover, Garantizar, Privilegiar, Potenciar, etc.) pero sin precisar, los Cómos, los Cuándos y los Cuántos, además de cuantificar los recursos económicos que se invertirán y precisar todos los elementos y las herramientas que se habrán de utilizar para alcanzar este conjunto de buenos deseos.
Si se analiza el documento, se pudiera pensar que al incluir “Líneas de Acción” se subsanan algunas de las carencias anteriores, como pudieran ser los “Cómos”, al señalar por ejemplo que el objetivo se pretende alcanzar a través de “Desarrollar programas”…….sin embargo, volvemos a los mismo, ya que NO se detalla de manera precisa ni suficiente.

Incluso, el establecimiento de “Indicadores y Metas” adolece de la misma situación ya comentada, por ejemplo, se proponen que el Índice de Competitividad Estatal para Nuevo León se ubique entre los tres primeros lugares a nivel nacional, pero no se detallan las acciones que se llevarán a cabo, ni los recursos que se invertirán para alcanzar este objetivo, mientras que muchos otros objetivos no tienen ningún “Benchmark” para compararlos y medirlos, ya que se encuentran “en construcción”.

En materia económica, se habla de aprovechar más los insumos que se producen en el Estado, de fomentar las cadenas productivas, y de conseguir un desarrollo económico regional más equilibrado, pero no se detalla el Cómo se pretende obtener este resultado, ¿quizás por decreto?

No hay que olvidar que el presupuesto de egresos del estado de Nuevo León solo representa un 5 por ciento del Producto Interno Bruto estatal, por lo que su impacto en el crecimiento económico de la entidad es sumamente modesto.

Finalmente, resulta positivo que se determinen algunos indicadores cuantitativos específicos que permitirán, eventualmente, evaluar si los objetivos y las metas propuestas fueron alcanzadas o no, sin embargo, la pregunta que queda sin respuesta, es si va a haber consecuencias o sanciones por NO alcanzar los objetivos propuestos, ya que en ninguna parte se prevé un mecanismo de evaluación que sancione incumplimientos.

* El autor es especialista en estudios económicos y de finanzas públicas. Actualmente ocupa el cargo de Socio Economía en Pérez Góngora y Asociados.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.