Monterrey

El ogro esquizofrénico

Opinión. Sería sano dejar de ver a la clase política como la solución a nuestros problemas.
ENTRADA LIBRE

SERGIO LÓPEZ RAMOS
​slramos2020@gmail.com
10 enero 2017 9:42 Última actualización 10 enero 2017 9:44
Sergio López Ramos

Sergio López Ramos

El Pacto por México representó, en su momento, el cénit de la capacidad del Partido Revolucionario Institucional (PRI) para darle rumbo al país, después de dos administraciones federales panistas sin proyecto claro. Así, Peña Nieto y su administración privilegiaron el diálogo político y la construcción de acuerdos de forma horizontal, con las diferentes fuerzas políticas nacionales, relegando a la ciudadanía al papel de espectador y no de protagonista.

Pero la percepción de transformación y bienestar liderada por la administración federal, bautizada a nivel internacional como el Mexican Moment; se convirtió en un daño colateral más aquella fatídica noche de octubre del 2014, cuando desaparecieron 43 estudiantes normalistas en Iguala.

Durante las semanas siguientes, la sociedad civil confirmó el diagnóstico
del mal que aqueja al Estado Mexicano producto de la transición a la democracia. Aquel ogro filantrópico como lo denominó Octavio Paz; padecía de esquizofrenia, y como consecuencia, perdió el contacto con la realidad.

Así, el ogro esquizofrénico fue incapaz de articular una estrategia para
esclarecer los hechos de Ayotzinapa y ejercer el Estado de Derecho. Sin embargo, si tuvo la capacidad de generar nuevos cuadros políticos, como Rodrigo Medina, que incrementaron la deuda estatal, la corrupción, el desprestigio del establishment político y con ello, el cansancio de ciudadanos que no ven a una clase política solidaria y empática con sus problemas y necesidades.

Y el ogro esquizofrénico incrementó la deuda del gobierno federal, sin
privilegiar la correcta implantación de las reformas estructurales que decían, habrían de generar un crecimiento económico del 5 por ciento
anual. Por si fuera poco, apareció un candidato disruptor a la Presidencia de los Estados Unidos que escogió a México como su villano favorito.

En este marco de grandes problemas y retos nacionales e internacionales, el ogro esquizofrénico decidió eliminar el subsidio a las gasolinas. Diferentes voces defienden la propuesta de que el incremento en los precios de la gasolina es una medida sana que
permite, en palabras de César Camacho, darle continuidad a los programas sociales del gobierno federal.

Sin embargo, la pregunta de que hubieran hecho ustedes del Presidente Peña, lejos de tranquilizar a la sociedad, delata un Estado sin rumbo, que sólo ha probado su capacidad para seguir utilizando el Estado como patrimonio de unos cuantos y sin voluntad de terminar con el pacto de impunidad y la corrupción que tanto lastiman al país.

Pero el ogro esquizofrénico no se ha dado cuenta que la sociedad civil está cansada en extremo y dispuesta a salir a las calles a manifestar su descontento. Diversos medios de comunicación privilegian en su cobertura los daños a los vitrales del Palacio de Cantera; pero cuántos de estos medios han cuantificado e investigado las consecuencias
políticas, económicas y sociales de las acciones y omisiones del ogro esquizofrénico sobre la población?.

Los ciudadanos de Nuevo León y de todo México enfrentamos un sinnúmero de retos. Sería sano dejar de ver a la clase política como la solución a nuestros problemas, aprender a pensar fuera de la caja y comprender que los ciudadanos tenemos la capacidad de diseñar la agenda política local.

El ogro esquizofrénico no nos puede quitar nuestro derecho a construir
una nueva realidad. Otro Nuevo León y otro México son posibles.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.