El nuevo tablero político estatal
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El nuevo tablero político estatal

En la elección nacional, destaca el número de votos obtenidos por Jaime Rodríguez Calderón en nuestra entidad.

Opinión MTY Entrada libre Sergio López Ramos 
10/07/2018
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Sergio López Ramos.Fuente: Cortesía

Los resultados de las elecciones del 1 de julio pasado transformaron de forma dramática la distribución del poder político en Nuevo León.

En la elección nacional, destaca el número de votos obtenidos por Jaime Rodríguez Calderón en nuestra entidad. “El Bronco” se enfrentó en Nuevo León a una ciudadanía molesta por la falta de acciones contundentes contra la corrupción, un aumento en los índices de inseguridad y la falta de resultados tangibles en favor de los ciudadanos.

A esos factores habría que sumarle la falta de propuestas viables e innovadoras para enfrentar los grandes retos nacionales que le hubieran permitido a Rodríguez Calderón dictar la agenda política de la contienda presidencial. En un contexto de hartazgo ciudadano y esperanza, el candidato presidencial con mayor número de votos en nuestra entidad fue López Obrador, mientras que apenas el 25 por ciento de los ciudadanos que eligieron a Rodríguez Calderón en el 2015 le refrendaron su confianza a “El Bronco.”

La expresión de descontento social contra el bipartidismo cobró más fuerza con la victoria de los candidatos al Senado de Movimiento Ciudadano Samuel García e Indira Kempis y los 6 diputados federales obtenidos por MORENA. Por primera vez en la historia de la entidad, los Senadores electos por Mayoría son de un partido político diferente al PRI y al PAN, al igual que la mitad de los diputados federales.

A nivel local, la reconfiguración del Congreso del Estado perfila al PAN como la primera fuerza dentro del Poder Legislativo, seguido por MORENA y en un muy distante tercer lugar, al nivel de la “chiquillada” el PRI con un solo diputado de mayoría. Y aunque falta conocer la distribución de los diputados de representación proporcional, es la primera vez en la historia de la entidad que un Gobernador en funciones carece de una bancada legislativa que soporte la agenda del Ejecutivo.

Queda claro que hubo una importante falta de visión del Ejecutivo, con miras a las elecciones locales del 2018, para tejer una agenda política común entre el Gobierno del Estado y la sociedad civil organizada para impulsar liderazgos que permitieran empoderar a los ciudadanos, generar cuadros políticos emanados de la ciudadanía y diseñar una agenda legislativa desde la propia ciudadanía con actores propios y que no respondieran a intereses partidistas. El vacío de oficio político de Rodríguez Calderón con la sociedad civil fue ocupado por MORENA, partido que capitalizó el hartazgo ciudadano.

Por último, hay que resaltar que el resquebrajamiento del bipartidismo político a nivel municipal se encuentra inconcluso. Si bien Monterrey y Guadalupe tienen alternancia de partidos políticos, la gran mayoría de los municipios ha quedado bajo el gobierno del PRI y el PAN. Únicamente cuatro municipios eligieron candidatos independientes, entre los que destaca Miguel Treviño, en San Pedro Garza García, una figura emergente dentro del escenario político estatal.

El nuevo escenario político trae consigo, en primer lugar, una mayor fragmentación del poder político, obligando a los actores a dialogar y construir consensos entre los municipios y el Gobierno del Estado; en segundo lugar, la pérdida de competitividad política de los candidatos independientes en la entidad, lo que nos obliga a replantear el reto y la necesidad de construir y hacer atractivas opciones ciudadanas. Por último, la construcción de mayorías dentro del Poder Legislativo para impulsar la agenda del Gobernador. Ojalá que se privilegie el diálogo y el interés ciudadano, lejos de sumar voluntades a la vieja usanza con cañonazos de millones de pesos.

El autor es olitólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

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Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.